PENSAMIENTOS Y DIVAGACIONES DE HAROLDO GARDENIO

Un sueño cumplido

Escrito por haroldogardenio 05-12-2011 en General. Comentarios (0)

 

Cuántas veces soñé con ello,

Perdí la cuenta, eran muchos ceros.

En el sanatorio era mi panacea,

Otros en cambio, no tenían idea.

 

Era algo esperado, sumum ansiado,

Harto de papel higiénico en rollos.

Del método de la concha marina,

De hacerlo con la mano rebozada en harina.

 

Sé que el conejo blanco no sufrió.

Su blanco, suave y caliente lomo me sirvió.

Me dejó el ojete limpio, reluciente,

Y una sonrisa en la boca que no me cabía un diente.

EL DÍA MÁS AJETREADO DE MI VIDA

Escrito por haroldogardenio 26-11-2011 en General. Comentarios (2)

 

 

6:00h   Suena el despertador como una jodida rata de 30 kilos chillando desenfrenadamente y lo hago apagar con toda la envergadura de mi mano abierta. Se rompe en varios pedazos.

6:05h   Intento abrir un ojo y observo cómo ha quedado el despertador. He tenido pesadillas.

6:10h   Intento abrir el otro ojo e incorporarme, pero mi otro brazo no responde.

6:11h    Confío en dicho brazo, y yerro en mi intento. Me caigo de la cama.

6:12h   Mi antebrazo cae sobre la punta de un trozo de cristal.

6:13h   Comienzo a sangrar, parece que es una vena importante. Me levanto a trompicones.

6:30h   Llevo más de un cuarto de hora intentando cortar la hemorragia. Empiezo a ver borroso.

6:32h   Un curso de boy scout que hice de niño me recuerda cómo hacer torniquetes.

6:37h   Termino de hacer el torniquete y recaigo en lo innecesario de éste.

6:39h   Con mi torniquete goteando pongo 2 rebanadas en la tostadora y enciendo la cafetera.

6:50h   Llaman a la puerta. Decido que es demasiado temprano como para abrir y sigo a lo mío.

6:51h   Llaman insistentemente. Abro. Son dos señores enchaquetados. Comienzan a hablar.

7:10h   Mientras uno me exponía en qué consiste la redención vital, el otro lo cortaba a ratos.

7:11h    Ésta vez lo cortó con un grito para decirme que olía a quemado en mi casa.

7:19h   Sigo escuchando aquello de la redención. Huelo a quemado. Corro a la cocina.

7:20h   La tostadora se estaba derritiendo y la cafetera estaba echando chispas.

7:21h   Vuelvo a la puerta y les tranquilizo. Les digo que me gustan las tostadas churruscaditas.

7:23h   Oímos pequeños petardazos. Corro de nuevo a la cocina. La cafetera está ardiendo.

7:24h   Los de la redención vital intentan ayudarme. Echo un vaso de agua sobre la cafetera.

7:25h   La cafetera ha explotado. Tengo heridas leves en mi brazo bueno. El otro sigue goteando.

7:26h   Logro desenchufar la cafetera. Los redentores están con la tostadora. Voy a vestirme.

7:27h   Entre las heridas de mi brazo izquierdo y el torniquete del derecho, me cuesta vestirme.

7:28h   Logro vendarme los dos brazos. Parezco Mazinger Z, pero con camisa azul y mocasines.

7:29h   La tostadora es ahora una columna de plástico derretido que cae encimera abajo.

7:30h   Les digo a los redentores que me tengo que ir, y que saquen la basura antes de irse.

7:31h   Bajo escaleras rápido. Me citaron en la otra punta de la ciudad para hablar de mi libro.

7:32h   Mi coche está a 4 manzanas. Corro ridículamente con mis ‘brazaletes’ de tela.

7:34h   La cita es a las 8 a.m., corro más. Tropiezo con un caniche que meaba en un árbol.

7:35h   Mi mejilla está en contacto con el suelo. Una voz me grita con onomatopeyas extrañas.

7:36h   Tengo la mejilla raspada, la toco. Tengo sangre. El de la voz es el dueño del caniche.

7:37h   Me logro incorporar. El dueño grita. El caniche se ha ido. El dueño grita y grita.

7:38h   Su dedo índice me señala como culpable. Me doy la vuelta y sigo corriendo.

7:40h   A lo lejos de la calle veo a Gertrudis la pescadera.

7:41h   Lo único que se le ocurre hacer es ponerse la mano en la frente. Sigo corriendo.

7:42h   Ya casi estoy llegando al coche. Mi camisa tiene sangre y mis piernas se entumecen.

7:50h   El coche no está, pero porque me había equivocado de calle. Sigo corriendo.

7:53h   Encuentro el sitio, pero el coche tampoco está. Una señora desde el balcón me habla.

7:54h   La señora me cuenta que el coche se lo ha llevado la grúa. Aparqué en vado: su garaje.

7:55h   Le digo a la señora que muchas gracias por llamar a la grúa y por arruinarme la vida.

7:56h   Corro despavorido hacia la parada del bus.

7:58h   Hay un cartel en la parada. Debido a obras esa línea no funcionará en todo el día.

7:59h   Corro despavorido hacia una boca de metro. Tropiezo varias veces. Me duele el cuerpo.

8:00h   Por fin la boca de metro. Tropiezo, caigo por las escaleras. La gente no hace nada.

8:02h   Un señor mayor intenta levantarme. Mi camisa tiene jirones. Mis codos sangran.

8:03h   El señor mayor es extremadamente insistente para que vaya al médico. Le digo que no.

8:04h   Llega el metro. La gente me mira. Intento hacer como que estoy bien. No cuela.

8:11h    Después de 4 paradas con gente entrando y saliendo, mirándome raro; salgo.

8:12h   Casi salgo de la boca de metro cuando a 9 metros un guardia me llama. No hago caso.

8:13h   Voy acelerando el paso mientras el guardia me sigue llamando. Grita cada vez más.

8:14h   Al guardia se le une un policía que estaba en la salida. Los dos gritan. Corro.

8:16h   El guardia y el policía me están persiguiendo, sorteo a la gente a toda velocidad.

8:17h   Al pasar al lado de una fuente, alguien viene por mi izquierda y me empuja. Caigo.

8:18h   Era alguien que había escuchado al guardia y al policía decir: “Paren a ese hombre”.

8:19h   Estoy con los brazos levantados. El guardia y el policía me invitan a salir de la fuente.

8:20h   Estoy chorreando. El agua se mezcla con la sangre en una especie de sopa rojiza.

8:21h   Me percato de que ni el guardia ni el policía me tienen cogido el brazo. Confían en mí.

8:24h   Me llevan a no sé donde, supongo que a comisaría. Los veo distraídos por un momento.

8:25h   Corro como un condenado. Mis zapatos chapotean con cada pisada. Les doy esquinazo.

8:27h   Estoy llegando a mi destino. Creo que ya no me siguen.

8:29h   Por fin, el Círculo de Lectores. Sexta planta sin ascensor. Subo con dificultad.

8:32h   Entro. Es un lugar como una biblioteca, allí será mi conferencia.

8:33h   Tras recorrer todo un pasillo enmoquetado, miro hacia atrás, está impregnado de sangre.

8:34h   Cruzo la puerta y hay 30 personas sentadas con ejemplares de mi libro. Hay silencio.

8:35h   Durante un minuto no sé hacer otra cosa que mirarlos, y ellos mirarme a mí.

8:36h   A mis pies hay un charco de sangre y agua. Una señora se desmaya.

8:37h   Hay una herida de la que no me había percatado: en mi hombro. Es una bola de sangre.

8:38h   Mientras otras señoras intentan reanimar a la desmayada, el coordinador me habla.

8:39h   Debido a mi incipiente pérdida de sangre no le escucho muy bien. Dice algo.

8:40h   La señora ha recuperado la consciencia, le ponen un biombo para que no me vea.

8:41h   La sangre ha trascendido a las vendas de mis brazos. Están rojas y empapadas.

8:42h   El coordinador sigue hablándome, me coge del brazo, se pringa, y me suelta.

8:43h   Logro escuchar lo que me dice el coordinador. Quiere que le acompañe.

8:44h   Me intereso por la señora, voy tras el biombo. Me mira horrorizada, vuelve a desmayarse.

8:45h   Las señoras me invitan a alejarme, el coordinador ésta vez me coge del brazo sin pudor.

8:46h   Me sienta en una silla, en un despacho. Me pregunta qué me ha pasado. No sé decirle.

8:47h   Quiero dar la conferencia. Me dice que cómo pienso dar una conferencia de esa guisa.

8:48h   Me lamento porque les tenía preparados algunos regalos a los presentes.

8:49h   Saco unas cartulinas pequeñas recortadas con forma de arenques, y las dejo en la mesa.

8:50h   Son marcadores. Aunque tienen sangre le digo que se los dé luego a los asistentes.

8:51h   El coordinador intenta que no me vaya. Me quiere llevar al hospital. Me niego.

8:52h   Insiste. Ir al hospital significaría para mí conexión directa con el sanatorio.

8:53h   Quiero que me suelte del brazo, entre otras cosas porque me duele. Me zafo y me voy.

8:54h   Bajo las escaleras. Esa conferencia me habría dado muchas cosas. Vaya mierda.

8:55h   Estoy tan inmiscuido en mis pensamientos que tropiezo otra vez. Caigo.

8:56h   Sigo cayendo. El mármol está extremadamente bien encerado y la sangre ayuda.

8:58h   No había podido pararme a mí mismo. Los rellanos entre tramos eran estrechos.

8:59h   Intento levantarme. Estoy abajo, en el portal. Tras de mi, una estela de sangre.

9:00h   Me levanto. Me miro al espejo del portal. Soy una cosa encorvada y roja que chorrea.

9:05h   Llego a una farmacia. Los presentes dan un respingo y se apartan. Pido alcohol 96º.

9:06h   Salgo de la farmacia. He comprado 5 botes de alcohol. Los llevo en una bolsa.

9:07h   Veo un bazar chino. Compro un cubo. El chino es el único que no me ha juzgado con la mirada. Yo compro, él recibe su dinero (aún con manchas de sangre), y todos felices.

9:09h   Encuentro un callejón. Vierto en el cubo los 5 botes de alcohol de 500ml cada uno.

9:10h   Elevo el cubo, cierro los ojos, y vierto sobre mi cabeza 2 litros y medio de alcohol. Grito.

9:11h    Grito como un condenado. Ahora sí tengo localizadas todas las heridas, son muchas.

9:12h   En el callejón entra de espaldas un tipo engominado, con gafas de sol y un maletín.

9:13h   El tipo está mirando tras la esquina, como escondiéndose. Yo estoy empapado en alcohol.

9:14h   El tipo se sobresalta, ve algo, deja el maletín y se va corriendo.

9:15h   No sé por qué lo hice, pero me acerco al maletín, lo cojo, y salgo corriendo también.

9:16h   Genial, me persiguen 2. Uno con camisa de flores y otro con una navaja en la mano.

9:18h   Aunque no conozco muy bien el barrio, logro moverme bien por sus callejones. Me zafo.

9:19h   Me escuece el cuerpo entero. Hay un portal abierto. Entro. Subo veloz.

9:21h   Llego arriba, un séptimo piso. La puerta de la terraza está cerrada. Pero tiene ventana.

9:22h   La ventana es diminuta y alta, pero no tiene rejas, sólo cristal. La abro e intento salir.

9:24h   Me ha costado mucho, mis heridas rozaban con el marco de la ventana. Salgo.

9:27h   Voy de terraza en terraza, alejándome de la zona. En un tramo tengo que saltar.

9:29h   Me hago daño en las muñecas. Pero ha sido un buen salto. Recojo el maletín y sigo.

9:31h   El salto me ha llevado a la terraza de un hotel de 5 estrellas. Hay una piscina.

9:35h   Aparece una limpiadora. Me recuerda a Marilyn Monroe y no exagero. Me mira.

9:36h   No soy capaz de interpretar su mirada. Una mezcla entre sorpresa y empatía.

9:37h   Se acerca a mí. Pensaba que me iba a echar a escobazos. Nada de eso.

9:38h   Aunque no le cuento nada de quién soy y qué hago allí, examina mis heridas.

9:39h   Me habla como si la conociera. Parece no trabajar en un hotel repipi de 5 estrellas.

9:40h   Voy de su mano, me lleva como en secreto. Entramos en una habitación.

9:41h   La habitación está al final de un pasillo, escondida. El hotel descartó esa habitación por ser demasiado pequeña. Nunca diría que lo era. Toda una suite.

9:42h   Marilyn dormía allí, el hotel le propuso concederle esa habitación para estar mucho más cerca de su trabajo, reduciendo mínimamente su elevado sueldo a modo de alquiler.

9:45h   No he dicho todavía ni una palabra.

9:59h   Me desnudó sin escándalos, contándome sus cosas, me lleva al baño y me sumerge en agua tibia con jabón. Me saca y me seca. Me tumba en la cama, y me cura todas las heridas, una a una, con tiritas, gasas, vendas y puntos mariposa. Y no me ha preguntado absolutamente nada.

10:30h  Marilyn me dice que vuelve enseguida.

10:36h  Me ha traído calcetines, calzoncillos, y ropa del servicio de habitaciones, me dice que mi ropa estaba destrozada, y la ha tirado, excepto mis mocasines. Los había limpiado y encerado. Me dice que tiene que volver al trabajo, que aunque no hay mucho que hacer, tiene que hacer acto de presencia de vez en cuando.

10:39h  Como si hubiera renacido, me visto con camisa blanca y pantalones de pinza.

10:43h  Miro por la ventana. Hay unas vistas magníficas a la ciudad.

10:46h  Me acuerdo del maletín. Está justo donde lo dejé cuando me trajo Marilyn.

10:47h  Dudo en abrirlo. Lo abro.

10:50h  Llevo por lo menos 3 minutos en shock.

10:55h Salgo del shock y vuelvo a mirar el maletín: fajos, y fajos, y fajos de billetes. Sí.

10:56h  No sé por qué pensé en eso, pero pensé que quizás el de la camisa de flores y el otro me reconocerían algún día. Pero recordé que en ese momento mi cara estaba completamente ensangrentada, ni yo mismo me reconocía ante el espejo. De hecho, mientras me perseguían, decían: “¿Qué coño es eso?”.

10:58h  Seguía pensando en cosas similares, y una de ellas es que si salía a la calle no quería salir con ese maletín. Cogí 4 o 5 billetes de uno de los fajos y pensé en bajar a comprar una mochila. Nadie puede ser menos sospechoso de llevar dinero que un estudiante.

11:01h   Salgo y en ese momento está viniendo Marilyn. Me hace entrar con un gesto gracioso.

11:03h  Por fin me pregunta quién soy. Le cuento de forma bastante dispersa.

11:06h  En mitad de una palabra me corta cogiéndome de la camisa y me besa locamente.

11:09h  Me hace el amor con un frenesí desatado. No me duele ni una herida.

12:50h  Marilyn fuma y me acaricia el pelo. Me ha vaciado.

12:52h  Me dice que debe volver; pueden sospechar y venir hasta aquí.

12:53h  Llaman. Marilyn está vistiéndose. Me dice que me vaya al baño. Abre. Es una compañera suya. Le dice que se encontraba mal. Entiendo que lo mejor es que me vaya.

12:54h  Marilyn le dice a su compañera que está bien, que ya sale. Cierra. Me abraza. Me llevo el maletín al baño. Está ensangrentado. Lo limpio en la bañera. Me visto. Cojo el maletín. Me besa. Abro la puerta. Me dice ‘hasta pronto’.

12:58h  El personal del hotel me mira algo extrañado cuando salgo del ascensor, no sólo por las tiritas en mi cara, es que parecen no reconocerme.

12:59h  Salgo decidido y presuroso por la puerta giratoria.

13:00h  Justo enfrente hay otro bazar chino. De puta madre. Voy rápido hacia éste.

13:01h  Le pregunto donde están las mochilas. Voy.

13:02h  No hay muchas opciones. Unas de Miky Mouss, otras del Pato Donsad, otras de Hanna Manhatan, otras de Spidermen, y por último, al fondo, una amarilla. Un poco llamativa… pero la prefiero.

13:06h  Saliendo del chino abro la mochila, meto en ella el maletín, y me la pongo.

13:07h  Camino como quien camina sobre las nubes.

13:09h  Veo un centro comercial. Entro.

13:13h  Llego al baño de caballeros. Está vacío, cojonudo. Me meto en uno de los departamentos con retrete y echo el pestillo como quien va a soltar el mojón de su vida. Bajo las tapas y me siento.

13:14h  No me quiero quedar mucho tiempo. Saco el dinero, fajo por fajo, y lo meto en la mochila. Me quiero deshacer de todo lo que me relacione con el engominado con gafas. Examino el último fajo. Billetes auténticos. Dios mío.

13:15h  Ya tengo mi mochila cargada con los fajos y el maletín vacío.

13:16h  Salgo a buen paso del centro comercial y, sin vacilar, en el primer contenedor que veo hago una rápida maniobra, saco el maletín, lo arrojo al contenedor, y me voy por otro lado.

13:18h  Camino más relajado por la calle. Empiezo a tener hambre. Veo un restaurante.

13:19h  Entro y justo en una esquina está ¡el de la camisa de flores! No me ha visto. Me voy.

13:20h Ando a paso ligerísimo, buscando la primera boca de metro. Quiero salir de éste barrio cuanto antes.

13:30h  Una boca de metro. Por fin.

13:38h  Soplo de alivio. Estoy en mi barrio. Recuerdo que Gertrudis me vio hace horas.

13:42h  Llego a mi portal, subo.

13:44h  Estando a la altura de mi puerta escucho un jolgorio. Abro.

13:45h  Panorama: Los de la redención vital están, uno con la corbata en la cabeza, y el otro con la camisa anudada por la cintura, bailando encima de la mesa del comedor, mientras 3 señoras que sobrepasan los 40 años, pero no los 40 kilos, fuman marihuana en mi sofá. Están escuchando mi disco Ruleta Rusa, de Sabina, a todo meter con ‘Pisa el acelerador’. En el balcón hay varias chicas vestidas con túnicas blancas que beben algo azul en sus vasos, o mejor dicho; mis vasos. El suelo está regado con alguna especie de mezcla entre serrín, café y harina. A veces pasan algunos perros de un lado a otro. Voy a la cocina.

13:50h  El centro del suelo de la cocina es como una placa dura de plástico, producto de lo que fue una tostadora. La nevera está abierta con comida por el suelo y perros comiéndosela. Todo me importa una mierda. Voy a mi habitación. Me cruzo con una mina bellísima.

13:52h  En mi cama hay un enano, un animal que no logro identificar, una señora obesa, y una anciana vestida de policía. Cuando me repongo les doy una voz ordenándoles que salgan inmediatamente de mi habitación. Salen todos, menos ese animal.

13:53h  Lo observo bien. Es raro, pero lo he visto antes. Es un ornitorrinco. No sé de dónde lo habían sacado ni qué estaban haciendo con él. Pero lo cogí y lo saqué de mi habitación.

13:56h  Apenas han tocado nada, sólo estaban fornicando en mi cama, o alguna cosa similar.

13:58h  Me acerco a uno de los redentores y le ordeno que le diga a toda esa gente que salga inmediatamente de mi piso.

14:02h  Tuve que parar la música, dar una palmada en la mesa, y gritarles.

14:03h Me abuchean mientras salen del piso, tirándome bordes de pizza. Antes de irse, uno de los redentores me dice que a las 17:30h será “La Venida” en Plaza Francia. Le digo que se calle y que se vaya.

14:04h  Todo está hecho una mierda. Pero mi memoria me llevó a caer en algo magnífico. Nunca los había podido contratar porque era algo caro: “Servicio Privado de Reparación y Limpieza Express de Hogares Gato Blanco. Obras, Barrido y Abrillantado de hogares en tiempos record. Realizamos peritaje, reparación y limpieza. Pida por esa boquita.” Allí estaba el folleto con su número, en mi cajón. Les llamo.

14:10h  Llaman a la puerta, son ellos. Van vestidos como en Misión Imposible. En seguida rastrean la casa sin necesidad de preguntarme.

14:12h  Han hecho el peritaje. Me lo cuentan, acepto, me piden que salga y vuelva en 1 hora.

14:13h  En el portal recibo una llamada. Es Fiodor. Viene hacia aquí. Me tiene que contar algo.

14:15h  Fiodor viene soliviantado. Me dice que ha estado en la pescadería. Me lo imagino todo.

14:18h  Genial. Gertrudis está contándole a todo el mundo que me autolesiono en público.

14:19h  Nos dirigimos a la pescadería a pararle los pies. Si se entera el sanatorio, me llevan.

14:23h  No llegamos a entrar, nos quedamos a escuchar tras la entrada.

14:24h  Gertrudis escupe palabras: “Tenía vendas en los brazos, se ha intentado cortar las venas, y se ha estado dando golpes en la pared con la cabeza. Llevaba una pistola. ¡Uy, uy, uy!”

14:25h  Irrumpimos en la pescadería y exclamo: “¡¡Todos fuera, ahora!!”. Después de la “versión” de Gertrudis es lógico que todos salieran cagando leches. Me pongo en frente de Gertrudis y le vomito: “Jueves pasado, 4:00 a.m., sales con una marimacho de tu casa y te despides de ella con besos acalorados, mientras tu marido trabaja como un cabrón en su turno nocturno de guardia de seguridad, en un barrio residencial en el que sueñas vivir. Si hablas de un loco, ten en cuenta también sus horarios y sus locuras, como por ejemplo, llevar consigo una cámara de fotos. No os saqué 3 ni 6; tengo todo un álbum de vuestro idilio. No sólo quiero que cierres ese pico bollero que tienes, sino también que le digas a todos que tuve un mal día, y que eres una mentirosa. Te estaré vigilando. Cuidado con los chipirones, creo que se te han puesto malos.”

14:27h  “Y yo todavía estoy esperando la ballena que te pedí”, añadió Fiodor.

14:28h  Mirando al vacío, boquiabierta, petrificada, y horrorizada, dejamos a Gertrudis en su pescadería. Caminábamos ya Fiodor y yo en dirección al centro.

14:30h  Un desdentado canoso nos para y nos habla entre aspavientos de “La Venida”. Le invitamos a comer con nosotros. Él no acepta, pero tampoco rechaza, sólo habla de “La Venida” y se mira las yemas de los dedos.

14:55h  Vaya caminata curiosa que nos ha dado el desdentado. Ha parado a unas 15 personas, hablándoles a 3 centímetros de la cara y cogiéndoles de la solapa. Encontramos un restaurante chino. Perfecto, hoy comemos rata.

14:58h  Mesa para tres. El desdentado, al que ya hemos apodado Algasiv, está con la cesta del pan de gambas, comiendo al estilo gorrino, llenándose el regazo de migas. Fiodor ha pedido “Las hormigas suben al árbol” y “Familia feliz”. Su idea es mezclarlo en un sólo plato y añadirle un poco de sake. Yo le he preguntado a la camarera si tienen arañas fritas. Me ha dicho que sí, el problema es que es la comida de los empleados. Pero no hay ningún problema, dice que me lo pone.

15:06h  Por fin llega la comida. Fiodor le pide a la camarera un plato hondo para la mezcla. Me encanta el hecho de que ni rechisten. Mientras haya dinero, no tienen ningún problema. Así da gusto.

15:21h  Algasiv se ha terminado el pan de gambas, y ahora está atacando su servilleta. La “mordisquea”, por decir algo.

15:25h  Hay una mosca en mi comida. Llamo a la camarera. La felicito por la genial idea de guarnición. En ésto, Algasiv capta la atención de la camarera sacando un fajo de billetes de los grandes. Ojos como platos nunca vistos observaban el fajo mientras Algasiv lo hacía bailar en su mano a la voz de: “Es vuestro si nos dejáis entrar en la trastienda del restaurante”. Parece mentira, pero ¡dudó! Al final accede.

15:26h  Fiodor se termina el culín de sake y nos vamos detrás de la camarera, que ya cuenta el fajo en sus manos.

15:27h  Un ejército de cocineros corta, flambea y reboza. Ninguno nos mira. La camarera les grita y ellos asienten sin levantar la cabeza del fogón. En las repisas hay jaulas con pájaros, ratones, monos, y gatos. Uno de los cocineros escribe rápido en una cartulina y la coloca enfrente de las jaulas: “Macotas”.

15:35h  Después de meter el dedo en todas y cada una de las cazuelas, Algasiv saca 2 fajos y se los enseña a la camarera mientras señala un montón de cazuelas que hay en una esquina churretosa. Ella asiente ojoplatada.

15:37h  La china cuenta billetes y Algasiv retira cazuelas. Una trampilla en el suelo. Fiodor y yo estamos con las frentes como un arado, no damos crédito. Algasiv abre la trampilla y nos invita a entrar.

15:40h  Hemos bajado una escalera de pared mientras las ratas nos acariciaban los nudillos, pasando de un lado a otro. Lo que está ante nuestros ojos es difícil de describir. Una especie de nave industrial gigante, seccionada en departamentos de todo tipo. En unos hay niños cosiendo balones, en otros, cientos de mujeres, sentadas ordenadamente, dando de mamar a bebés. Hay varias secciones de gran extensión donde están fabricando glutamato en grandes cantidades, y al fondo hay un mapa gigante de la ciudad, y otro del mundo, con miles de chinchetas y zonas rodeadas con rotulador, acompañadas de extrañas inscripciones. Al otro lado, centenares de chinos con uniforme militar, entrenan algún tipo de arte marcial que desconozco. Gritan mucho.

15:42h  Nos paseamos por éste micro-macromundo acompañados por la camarera que no para de gritarles a todos a nuestro paso. Nadie nos mira. Todo está iluminado únicamente por 6 o 7 tubos fluorescentes. El ambiente está cargado y con tonalidades verdosas.

15:48h  Uno de los militares que lanza órdenes como un desatado sí nos lanza una mirada. Una mirada imposible de identificar. Sus ojos rasgados, sin embargo, me proyectan algo nada bueno. La camarera se da media vuelta y sale corriendo. El militar lanza otro grito y todos nos miran. Pasan 10 segundos de silencio absoluto. Fiodor y yo nos miramos. Algasiv rompe a correr. Nuestro instinto nos ordena seguirle. Todos empiezan a gritar. Algasiv corre hacia una puerta oxidada al fondo, corremos con él. Miro atrás. Nos persiguen. Todos.

15:49h  Un chino casi me agarra del pantalón. Corremos por un pasillo estrecho y húmedo.

15:56h  Jamás había visto un pasillo tan largo. La tenue luz, con una bombilla cada 5 metros, me hace tropezar varias veces. Eso, y las ratas.

15:58h  Llegamos a unas escaleras. Subimos. Salimos por una trampilla. Es una tienda abandonada, llena de papeles de periódico, cinta adhesiva suelta, y ventanales con grafittis. Algasiv rompe uno de los cristales con la cabeza. Salimos a la calle.

16:04h  Corremos y nos alejamos de la zona. Algasiv va dejando una fila de gotas de sangre por la acera.

16:11h   Bien, un parque. ¿Alguien ha visto un chino en un parque? Es el sitio perfecto para descansar. Le ofrezco a Algasiv un trozo de venda que Marilyn me dejó en el pantalón por si se me abría alguna herida. Algasiv se rodea la cabeza con la venda.

16:15h  Allí estábamos, en un banco, con la música de un hippie que toca algo raro con su flauta dulce, como banda sonora. Algasiv va a por una botella de cerveza. Le sugiero que no vaya a un chino, mejor un supermercado.

16:22h  Fiodor me cuenta lo que le pasó antes de estar en la pescadería y de encontrarse conmigo. Un par de señores enchaquetados habían llamado a su casa al grito de “moroso”, intentando irrumpir en su inmueble. Al final a quien buscaban es a Federico, su vecino, que vivía justo enfrente suyo. Entraron en su casa, cogieron su cartera y se lo llevaron en volandas al banco a pagar. Un cuadro.

16:25h  Algasiv viene con 5 litros de cerveza. El hippie ha cambiado el repertorio. Ya era hora.

16:28h Ésto incita al baile a Algasiv, que empieza a levantar los brazos y dar saltitos, botella en mano.

16:30h  Me sorprende la forma de beber de Algasiv. Agarra la botella y traga sin pausa hasta que se pone rojo y para. Fiodor y yo, quizás, bebemos la misma cantidad, pero a intérvalos normales (lo que nosotros entendemos como normal, claro está).

16:36h  Han volado 3 botellas. El hippie se está animando y se acerca, tocando extrañas polcas entre buche y buche de cerveza. Algasiv va de nuevo a por más litros. Se empieza a acercar gente.

16:41h  Estamos rodeados de gente, algunos han traído tambores, guitarras, trompetas... Algasiv aparece con 3 bolsas llenas de botellas de cerveza. Las minas nos invitan a bailar, la gente vocea y danza bajo un sol brillante.

16:56h  Fiodor me pone la mano en el hombro. Su rostro está extraño. Me dice que le duele mucho detrás de la oreja. Le digo que no se preocupe y observo su pabellón. Detrás de la oreja tiene una especie de dispositivo clavado en la piel, como un microchip, con un led rojo intermitente. No doy crédito.

16:59h  A lo lejos, entre la música y el jolgorio, vemos acercarse por el aire una especie de helicóptero de aeromodelismo. Viene directo hacia nosotros. Lleva soldada una cámara en el morro, y debajo, en mi asombro, logré identificar un cañón, como de escopeta de plomillos. Agarro a Fiodor de la chaqueta y de la túnica a Algasiv, tirando en dirección opuesta al cacharro al grito de: “¡vámonos de aquí!”.

17:02h  Corremos a toda velocidad por la avenida, con el sonido de las aspas sobre nuestras cabezas y esporádicos disparos, irrisorios para un kalashnikov, pero preocupantes para nosotros.

17:04h  Fiodor es alcanzado. Un plomillo le roza en el cuello y le hace una herida.

17:09h  Cruzamos una esquina, le grito a Fiodor que se arranque el chip. Fiodor cierra fuerte los ojos. “¡Rrrac!”. En plena carrera, los gritos de Fiodor son indescriptibles. Fiodor arroja el chip al asfalto. Vemos el helicóptero cruzar la esquina, y dirigirse al chip, a tiro limpio.

17:10h  Seguimos corriendo. Ahora sangra Fiodor. Ni siquiera el día que cayó la dictadura de Batista fue tan rojo como éste.

17:15h  Desde hace unos minutos, Algasiv repite en voz baja: “La Venida, la Venida”. Saco un trozo de venda de mi otro bolsillo y se lo doy a Fiodor. Tiritas, vendas en cabeza, oreja, cuello, una túnica ensangrentada, bolsas con cerveza... Estamos para una foto.

17:18h  Algasiv ya no susurra su cantinela, ahora la grita. Nos insta a seguirle a ritmo de: “¡¡La Venida!!”.

17:21h  Mientras vamos a paso ligero, siguiendo a Algasiv, recuerdo a los de la redención vital: “La Venida, a las 17:30 en plaza Francia”. Se lo cuento a Fiodor, que no entiende nada, igual que yo. También me acuerdo de que dejé mi maletín en casa. No me fío de los de la limpieza express Gato Blanco. Pero tampoco presto demasiada atención a algo en concreto.

17:25h  Plaza Francia. Está abarrotada, llena de gente muy extraña. Algasiv nos invita a sentarnos en el suelo. Dice que ya sólo hay que esperar. Bebemos cerveza como bárbaros.

17:27h  Hay mucha rasta y mucha túnica. Y enchaquetados también. Casualmente se acerca a mí uno de los de la redención vital. Me pide perdón por lo de mi casa. Le digo que no pasa nada, he estado en peores, y le pregunto de que rollo va todo el barullo. Me dice que tenga paciencia, que ya queda poco. Viene su compañero. Cogen cerveza y beben.

17:29h  Sobre los hombros de alguien, una chica porta y alza un cartel electrónico como los de los cambios de jugadores en los partidos de fútbol. Es una cuenta atrás en segundos. Todos gritan la cuenta atrás. Quedan 10 segundos.

17:30h  En el centro de la plaza, a una altura de unos 15 metros, aparece un punto de luz que se va haciendo más, y más grande. Éste alcanza la magnitud de un elefante, y va descendiendo hasta unos 2 metros.

17:31h  La bola de luz va adoptando la forma de una sepia con enormes ojos, que cambia constantemente de color. “Fiodor, ¿me has echado algo en mi botella?”, le pregunto sin respuesta.

17:32h La sepia comienza a hablar. Tiene una voz, como la de un robot por megafonía. Comienza a dar giros extraños y botes inusuales y repentinos. “Pueblo humano, heme aquí, al fin, entre vosotros, para la ofrenda. He aquí mi venida. Me vengo sobre vosotros para la revelación catártica. Adorad a los moluscos, cantad en nombre del día fructuoso. La redención vital. Escuchad mi deletreo.”

17:34h  Todos alzan las manos y se quedan ahí, mirando a la sepia multicolor. Ésta continúa hablando: “Coged, tomad de vuestro bolsillo, de vuestras carteras mágicas, explorad el fruto y otorgad la ofrenda. Sacad el dinero. Sagrados 50 euros como mínimo. Tarifa reducida”. Observo anonadado a la gente rebuscando en sus bolsillos y carteras. Fiodor y yo nos miramos de nuevo. Fiodor me pone la mano en el hombro, y me señala al fondo.

17:35h  En una ventana de un edificio vemos un cacharro parecido a un proyector y un par de señores con pinta de técnicos. En otras ventanas de otros edificios lo mismo, todos apuntando al centro de la plaza. Los técnicos llevan gorras de propaganda de bancos.

17:36h  “Sacad el dinero y dejadlo ordenadamente aquí, a mi lado, en mi regazo. Vamos, estirpe, vamos. Si alguien se rezaga, los caballeros redentores arrojarán toda su ira sepiante sobre él. Escuchad cada letra de mi voz”. De entre la gente empiezan a aparecer señores vestidos con un extraño uniforme, mirando a todos lados, a la altura de los bolsillos y carteras. Todos llevan un taser en la mano, y en la otra un libro pequeño y grueso.

17:37h  “Vámonos de aquí Haroldo, ¡ahora!”, me susurra Fiodor. Toco en la espalda de Algasiv para decirle que se venga. Está en trance, ni se vuelve, ni reacciona. Empezamos a salir entre la gente. Dos de los señores con uniforme nos ven y dicen acompasadamente: “Fugitivos, fugitivos”. Nos siguen. Van acelerando el paso. Empezamos a empujar, a salir como podemos. Ellos van quitándose gente de en medio a base de taser.

17:39h  Corremos entre la gente, nos acortan la distancia. Aceleramos la carrera. Los tenemos en los talones.

17:41h  La aglomeración de gente es menor, estamos saliendo del tumulto, todo se va despejando. Pero los tenemos cerca. Gritan. Ésta vez no entiendo lo que dicen. Corremos ya por la avenida. Miro atrás.

17:42h  No nos siguen, se han quedado parados, mirándonos. Parece como si no pudieran sobrepasar los límites de la plaza. Nos alejamos. Estamos sudando como pollos.

17:45h  “Lo que no nos pase a nosotros, Haroldo”, me dice Fiodor entre jadeos. Fiodor siempre me sorprende. Ésta vez, resulta que durante la carrera, le ha dado tiempo de coger uno de esos libros pequeños y gruesos. “¿Un cafelito?”, me dice tranquilamente. “Vamos”, respondo, lógicamente.

17:47h  Un frappé y un capuccino secan nuestras gotas de sudor mientras inspeccionamos el extraño libro: “Gloriosa Redención Vital de la 6ª Venida”, así rezaba el título con letras de “plata”. Doy un sorbo al café. “¿Sexta? Yo diría Secta Venida”, dice Fiodor, consiguiendo mi risa. “No me hago más una foto en sepia”; consigo la suya.

18:40h  A los cafés les siguieron otros con chorreoncitos de whiskey (irlandés), coñac, etc. El libro nos estaba dejando; de piedra no, lo siguiente. “Sacra Espiral”, “sacerdotes del reverendo mar fluorescente”, “dicción unilateral del caracol puro” y “videncia telúrica de Galápagus”, son sólo algunos detalles. Entretanto, le cuento a Fiodor todo sobre lo del maletín.

18:58h  Fiodor me habla de un festival que se celebra al día siguiente, a 200 kilómetros, entre la naturaleza y poblaciones pequeñas. Con todo lo que hay en el maletín hay para mil festivales. Fiodor me cuenta que tiene una furgoneta vieja de su padre, que lleva aparcada al otro lado de la ciudad, desde hace años. Decidimos ir al festival.

19:02h  Me sigue inquietando cómo habrá quedado mi casa. Quiero también poner el maletín a buen recaudo. Marchamos a mi casa.

19:25h  Por la calle vemos a algunos de los de la Gloriosa Redención con sus libros y sus túnicas. Llevan la vista perdida.

19:32h  Llegamos al metro. Allí nos encontramos con un compañero del sanatorio. Dámaso.

19:36h  Nos cuenta un buen surtido de milongas extraordinarias, y muy entretenidas. Ha salido con permiso de 3 semanas. En el sanatorio, Dámaso solía flagelarse y gritar en mitad de la noche. Lee mucho, y tiene habilidad con el fagot. Es un buen pibe.

19:42h  Dejamos a Dámaso y nos dirigimos a mi casa.

19:46h  Como los chorros del oro. No parece mi casa. Una maravilla. El maletín, en su sitio, justo donde lo dejé. Fiodor y yo estamos agotados. Nos servimos un vermouth y nos tiramos en el sofá. Estoy agotado. Aún así, me apetece componer alguna canción.

19:52h  Llaman a la puerta.

19:59h  Son mis dos vecinas, vienen con ron, y no paran de preguntarme quiénes eran esos que han armado tanto escándalo en mi casa. No sé si se refieren a los de la redención y sus amigos, o los de Gato Blanco, pero qué más da, a pesar de mis heridas y mi agotamiento, tengo ganas de cantar y bailar.

20:03h Hemos armado una fiesta curiosa, de las que me gustan; pocos, y emanando mucha buena onda.

20:12h  Salimos fuera, con guitarras y botellas, sin rumbo aparente.

20:28h Pasamos por la pescadería. Gertrudis está cerrando. Me mira mientras barre. Su rostro está algo palidecido. Le dedico media sonrisa, al paso. Fiodor, que siempre le da el toque a la situación, le dice mientras nos alejamos: “¡No vendas sepia, es un consejo!”.

20:39h Llegamos a un pub algo destartalado y neónico, hay libros en repisas, estatuillas de músicos de jazz, y carteles con fotos de ciudades. Hay buena música. Nos pedimos un par de bourbons, a pesar de que las minas llevan ron bajo sus chaquetas.

20:43h Suena Fito Páez. Empezamos a bailar a la de “Mariposa Tecnicolor”.

21:17h  Después de un par de funkys y unos cuantos tangos acelerados, se me ocurre invitar a mis vecinas al festival. Empiezan a dejar de dolerme las heridas.

21:22h Acaba de aparecer uno de los uniformados de la Gloriosa Redención. Está allí, en una esquina, bebiendo. Logro identificar su gabardina, está colgada en la percha al lado de la puerta. Entre bailes encuentro el taser. Creo que tengo un mejor destino para él.

21:26h  Bailamos, bebemos; bebemos, bailamos. El uniformado tiene una borrachera de las de frente en barra. Pero aún así, alza la vista y me mira. Me mira raro, quizás es porque yo también lo estaba mirando. Pienso que es mejor que nos vayamos, no es de mi gusto electrocutar a nadie. Decidimos irnos.

21:32h  Veo un contenedor de basura. Buen sitio para depositar un taser desactivado.

21:35h  Mis vecinas nos invitan a su casa. Tienen más alcohol. Tienen más estómago que una manada de rinocerontes.

21:40h  Me pitan los oídos, mis rodillas claman, mi tripa me pide una tregua, mis pies están atorados; pero, qué demonios, este día ha sido, cuanto menos, especial.

21:43h  Suena Sabina, la televisión encendida, varias guitarras, muchos On The Rocks, ginebra; todo en casa de mis vecinas. Una de ellas (no sé quién es quién) me habla en el oído; me pita más. Fiodor viene de la cocina con bizcocho y sardinas asadas. Pretende que cenemos eso. No está mal la idea, pero no sé si lo probaré.

21:55h  Es increíble el repetorio de canciones que tiene una de mis vecinas, el matiz es que la guitarra está desafinada y puede que su voz también; y obviamente, también su sobriedad. Pero me da igual todo, la adoro. Me producen risa nuestras caras. Si tuviera una cámara hacía un álbum.

21:59h  Suena una última de Sabina, estamos todos tirados en el sofá, empapados en alcohol. Reímos y roncamos a partes iguales. Morfeo va venciéndonos uno a uno. Soy el último.

22:00h Me agarro a la cintura de una mina, y nos vamos, rumbo al festival.

 

 

 

 

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EXTRADUDA

Escrito por haroldogardenio 27-10-2011 en General. Comentarios (1)

Cuando un alimento es muy dulce, lo denominamos extradulce, fuerte; extrafuerte, etc.

Entonces, ¿porqué a los marcianitos les llamamos extraterrestres?

¿Son más terrestres que nosotros? Quizá sea eso...


El insólito mundo de un yogur con super-poderes

Escrito por haroldogardenio 11-10-2011 en General. Comentarios (0)

Rezaban las instrucciones: "mantener a temperatura ambiente"...

Ya se jodió! Qué significa eso?

Si estás en Siberia la temperatura ambiente serán 50º bajo cero,
y si estás en el Gobi, 50º sobre cero.

Por tanto, la temperatura ambiente tiene un rango de +/- 100º!!!!

Es decir, puedes comerte tu yogur PMI tanto en el fondo de un volcán
como en la cumbre de un glaciar, Y NO SE ESTROPEA!!!!

No me extraña que Iker Jiménez se alimente única y exclusivamente ellos.


HUMOR NEGRO...

Escrito por haroldogardenio 08-10-2011 en General. Comentarios (2)

 

Es confuso, lo sé...

 

 

Nuestro lenguaje está plagado de las más aberrantes contradicciones: algo que apreciamos nos importa "un huevo" y en cambio, algo que nos da igual, nos importa "tres cojones"... Pero vamos a ver, ¿cómo algo que nos tiene sin cuidado a tener el triple de testículos (unidad en la que se mide la importancia) que algo que apreciamos?

 

En la misma esfera está mi siguiente pregunta: cuando hablamos de humor negro ¿nos referimos a bromas sobre paralíticos o al Show de Bill Cosby?

 

Estoy en ascuas...