PENSAMIENTOS Y DIVAGACIONES DE HAROLDO GARDENIO

No ceda. Ni caso.


Desde que me tomo el café solo y sin azúcar,

que me dejé de ofuscar por ineptos e inaptos,

que dejé de escuchar palabras que estorban,

torvas de chispa nutren mi lago nenúfar.


Far away from the west, mi test al mundo es:

que no hay cosa más bonita que vivir bonito. 

El campo aburre, la urbe turba, pero igual,

¿qué importa dormir con el pijama del revés?


Ironía en mayoría, de mis ocasiones sociales,

puedo alcanzar a ver, por los roles, papeles,

etiquetas de cada quien, clichés ancestrales,

vacuas opiniones, y muestrarios dentales.


Se me acercan sabiondos que vienen hediondos

de luz opacada y claves de vida, 

que luego postulan ante su psicólogo

y defienden no haber tocado fondo.


Luego tres estacazos y ponerlo a parir

en el bar, la reunión de vecinos y a casa.

Su Opel a plazos, su mujer y sus niños.

Pobrecita y pobrecitos, tocoles un gil.


Y por azar me veo ante su discurso vortex,

de lo divino y lo humano, más bien de ninguno,

y de mi forma de hablar y hasta de escribir; 

yo escribo como me sale del neocórtex.


Hay que dejarle y remitirnos al principio

de éste manojito de versos, al estilo,

el estilo y la clase del pobre pero rico,

que comprende al callado como si diese


ripios.



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