PENSAMIENTOS Y DIVAGACIONES DE HAROLDO GARDENIO

Perros de hortelano.

 

El problema de que el mundo no funcione bien, ni se halle en armonía, reside en la existencia de imbéciles. El imbécil es el aguafiestas, el que de un manotazo derrumba el castillo de arena que ha construido otro, el que discrepa por el placer de discrepar, aun sabiendo que su argumento no tiene fundamento ni intención constructiva, y con el ánimo de sembrar caos.

 

Ha sobrevivido porque su modus operandi es acaparar, ambicionar y trampear. Si los demás juegan limpio, éste tiene vía libre. Como, obviamente, esto no es permisible, hay dos formas de evitarlo: una fácil, y otra difícil. La difícil es crear y creer en la justicia. La fácil es no hacerlo. Por eso es tan fácil que la imbecilidad gane adeptos. Y parece una especie de lastre que acarrea la sociedad, de la que, desgraciadamente, también se componen los imbéciles, que alcanzan altos cargos y se infiltran en los grandes proyectos.

 

Y con hondo pesar escribo ésta líneas desde un pesimismo que suelo odiar, y al que no tengo más remedio que recurrir, y sin que ésto sea una novedad; por contemplar desde mi rincón el macabro crecimiento de esa espiral.

 

Los imbéciles atienden a imbecilidades de otros imbéciles, como esa que dice que antes de morir tienes que plantar un árbol, tener un hijo, y escribir un libro. Gracias a ésta genial idea, las bibliotecas están llenas de libros de imbéciles que no quieren irse de éste mundo sin dejar su estúpida semilla literaria, como tampoco, la genética, la cual dará lugar a más imbéciles que contribuirán a la superpoblación (en gran parte, de imbéciles); mientras que, personas muy gratas e interesantes, válidas y armoniosas, deciden y decidirán no tener hijos, debido a un fabuloso sentido del equilibrio global. Sus mentes y corazones maravillosos no se sembrarán. Esas personas son las mismas que podrían escribir páginas formidables, constructivas, y reveladoras; las mismas personas que, de seguro, quedan inundadas de hastío, y pierden todas sus ganas de hacerlo, al leer tanta tinta tonta; tan, para colmo, contagiosa y pegadiza como las malas canciones.

 

Dado éste fenómeno, la cantidad de basura textual que tenemos que aguantar resulta insoportable, llevándonos a tener que remover entre el lodo, para encontrar lo valioso, escondido o desapercibido, que sólo es fácil de obtener cuando allegados de buena tinta, o la propia capacidad de selección, lo permiten. Pero esto es cada vez más difícil porque el lodo se multiplica, y ya existen cosas que parecen buenas pero no lo son, y otras que, definitivamente, son burdas copias desgastadas. Cada vez el pajar es más grande, y la aguja más pequeña.

 

De modo que la espiral sigue creciendo exponencialmente y no parece que vaya a frenarse. Suerte que, al menos, respiraremos cada vez mejor gracias al aumento desbocado de jardines, parques y bosques.

 

 

 http://haroldogardenio.blogspot.es/img/perrodehortelano.png

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