El problema de que el mundo no funcione bien, ni se halle en armonía, reside en la existencia de imbéciles. El imbécil es el aguafiestas, el que de un manotazo derrumba el castillo de arena que ha construido otro, el que discrepa por el placer de discrepar, aun sabiendo que su argumento no tiene fundamento ni intención constructiva, y con el ánimo de sembrar caos.
Ha sobrevivido porque su modus operandi es acaparar, ambicionar y trampear. Si los demás juegan limpio, éste tiene vía libre. Como, obviamente, esto no es permisible, hay dos formas de evitarlo: una fácil, y otra difícil. La difícil es crear y creer en la justicia. La fácil es no hacerlo. Por eso es tan fácil que la imbecilidad gane adeptos. Y parece una especie de lastre que acarrea la sociedad, de la que, desgraciadamente, también se componen los imbéciles, que alcanzan altos cargos y se infiltran en los grandes proyectos.
Y con hondo pesar escribo ésta líneas desde un pesimismo que suelo odiar, y al que no tengo más remedio que recurrir, y sin que ésto sea una novedad; por contemplar desde mi rincón el macabro crecimiento de esa espiral.
Los imbéciles atienden a imbecilidades de otros imbéciles, como esa que dice que antes de morir tienes que plantar un árbol, tener un hijo, y escribir un libro. Gracias a ésta genial idea, las bibliotecas están llenas de libros de imbéciles que no quieren irse de éste mundo sin dejar su estúpida semilla literaria, como tampoco, la genética, la cual dará lugar a más imbéciles que contribuirán a la superpoblación (en gran parte, de imbéciles); mientras que, personas muy gratas e interesantes, válidas y armoniosas, deciden y decidirán no tener hijos, debido a un fabuloso sentido del equilibrio global. Sus mentes y corazones maravillosos no se sembrarán. Esas personas son las mismas que podrían escribir páginas formidables, constructivas, y reveladoras; las mismas personas que, de seguro, quedan inundadas de hastío, y pierden todas sus ganas de hacerlo, al leer tanta tinta tonta; tan, para colmo, contagiosa y pegadiza como las malas canciones.
Dado éste fenómeno, la cantidad de basura textual que tenemos que aguantar resulta insoportable, llevándonos a tener que remover entre el lodo, para encontrar lo valioso, escondido o desapercibido, que sólo es fácil de obtener cuando allegados de buena tinta, o la propia capacidad de selección, lo permiten. Pero esto es cada vez más difícil porque el lodo se multiplica, y ya existen cosas que parecen buenas pero no lo son, y otras que, definitivamente, son burdas copias desgastadas. Cada vez el pajar es más grande, y la aguja más pequeña.
De modo que la espiral sigue creciendo exponencialmente y no parece que vaya a frenarse. Suerte que, al menos, respiraremos cada vez mejor gracias al aumento desbocado de jardines, parques y bosques.

Sin posavasos,
ni salvamanteles,
barandillas, aranceles,
guardarraíles, arcenes,
mangos, asas, guantes,
mascarillas, guardapolvos...
Sin medias tintas,
ni aspavientos, rodeos,
circunloquios, sutilezas,
símiles, parábolas, metáforas,
silenciadores, aislantes...
Sin cortinas,
ni alfombrillas, zócalos,
volutas, trenzados, ribetes,
cenefas, calados, borlas,
parasol, persianas, visillos.

Para salir del frío me enganché al cordón umbilical,
para desengancharme del cordón umbilical me di a la teta,
para dejar la teta me enganché al chupete,
para dejar el chupete me enganché al dedo.
Para dejar el dedo me enganché al puré,
para dejar el puré me enganché a la bollería industrial,
para dejar la bollería industrial me di al balón,
para dejar el balón me enganché a tu aroma.
Para desengancharme de tu aroma me di a tus desdeños,
para quitarme de tus desdeños me di al llanto,
para desengancharme del llanto me di al alcohol,
para dejar el alcohol me enganché al tabaco.
Para dejar el tabaco me enganché al trabajo,
para desengancharme del trabajo me di a la gente,
para desintoxicarme de la gente me entregué a ti,
para desengancharme de ti me di a la soledad.
Para dejar la soledad me abracé a la tristeza,
para dejar la tristeza me entregué a escribir,
para desengancharme de tanto escribir
me enganché al alpinismo.
Tras romperse el cordón que me sujetaba,
junto con un piolet, a la roca, cuyas lascas,
desprendiéndose, me anunciaban la caída;
esperaba encontrar una teta mullida,
y resultó ser, al final, un alud de nieve fría.
Voy a apagar las luces,
dejar mi abrigo en el suelo,
descalzarme y desvestirme entero.
Para hablar de éste
hay que quitarse el sombrero,
bajar las canillas y avivar el brasero.
Con ello se llenan
cuadernos y libros completos,
pero éste en concreto parece más que eterno.
Les hablo de mi sufrimiento.
Inabarcable en su grandeza, envuelve cada poro del ser hasta los huesos, se apodera de cada milímetro de aliento; mi sufrimiento no atiende a razones, no escucha plegarias, es seco y áspero, es un desierto; descalabra tiempo, espacio, y pensamiento.
Les presento, señorías, a mi sufrimiento; el más puro, cristalino y denso de los sufrimientos. Si hubiera una lista, o alguna acepción en una enciclopedia, ahí lo tendríamos, allí figuraría, como el campeón; el más grande y sublime de ellos.
Ha recibido los más laureados elogios de las fuerzas del caos y de mis demonios internos; se han arrodillado ante su excelencia y han besado sus pesados y etéreos pies, han valorado su extraordinaria capacidad para no ser alcanzado, y se han rendido ante su perfección al obrar, claudicando sin vacilación con bandera blanca.
Por mucho que se intente escribir en todos los libros de éste y cien más planetas, nadie alcanzará a saber de su magnitud. Sufro en grado superlativo, de forma interna y profunda, externa e inabarcable. Mi sufrimiento adolece de sufrimiento, y éste a su vez; y el siguiente hasta el infinito.
No es compartido, excepto en estos momentos, y en los que alguien me brinda su oído más tierno. De no ser así, mi boca se blinda.
Mi sufrimiento no es célebre, pero es el ganador, va desde las antípodas hasta aquí, y vuelve. Mi sufrimiento sufre conmigo; mi pena es extrema.
Es que "yo no tengo la pena, la pena me tiene a mí".
Está en todas partes, se aparta volando, y vuelve rodando. No tiene prisa, pero tampoco paciencia... mi pena no cena.
Ayuna y almuerza; está raquítica y pincha.
Lluvia fría sin espacio al escampe,
kilómetros de carretera nocturna sin desvíos,
vacío de una cápsula abollada en el espacio,
inquieta quietud en el estanque.
Mi sufrimiento es incomparable,
inconfundible,
no deja aire, ni títere;
se entraña en el fondo
y de ahí saca unos cables,
los vuelve a enchufar,
enmaraña y revuelve,
noquea y patea;
hiela y cierne.
Bajen autoridades de la media atmósfera, parcos y elevados sentimientos, pequeñas y grandes novelas, blandas y duras drogas, malos y buenos; vengan a contemplarlo, no cierren sus ojos, pongan atención a su magnificencia.
Mientras quede una muda limpia,
un estertor de dentífrico,
una lasca de jabón en la pastilla.
Dos gotas de colonia,
justo para una taza de café,
algo en lo que untar la mantequilla.
Una Gillette que aún afeite,
un abrigo que abrigue el raído frío,
y en el monedero suene a calderilla.
Un dedo de gasolina,
algo a lo que darle vueltas,
un plato hondo en la vajilla.
Mientras boquee un pez
aunque sea en vinagreta,
habrá esperanza,
no importa que en cuclillas.

Despierto entre tinieblas,
Eran las muy temprano,
Mis legañas pesan como losas.
Meo como un caballo,
Un escalofrío me sacude.
A la ducha, agua casi hirviendo.
A la espuma de afeitar,
le gustan nariz y oídos.
Floïd mentolado vigoroso.
Café, tostadas y zumo,
Todo con solo medio ojo
y una mano, el resto; paralizado.
Maldito cigarrillo...
gloria bendita.
La radio; crisis bla-bla.
Pantalón bien planchado, viejo cinturón,
camisa de leñador, jersey pelotillero.
Lazada pulcra, perfecta.
Llaves, cartera y móvil.
Luces, gas y puerta.
El espejo del ascensor me aprueba.
Un pie en la acera,
el solecillo mañanero ya calienta.
Empezamos bien, ¿no?

Hay algo con lo que voy en contra,
como el salmón y su celo,
subiendo el río a contrapelo,
ciegamente, a ver si no se empotra.
Pues ciego, como todos, voy, vamos,
dando patadas en la oscuridad,
a ver si de una nos encontramos
con el lingote, la concha, o la Trinidad.
Al principio queremos todo a la de ya,
luego vemos que hay que buscar,
después la cosa es complicá,
finalmente te enamoras del estado buscar.
Siempre alerta, descanso inaceptado,
ya por las malas, no hay dolor,
contra las canas, siempre luchando,
mirada perpetua, perpetuo motor.
Cuántas veces soñé con ello,
Perdí la cuenta, eran muchos ceros.
En el sanatorio era mi panacea,
Otros en cambio, no tenían idea.
Era algo esperado, sumum ansiado,
Harto de papel higiénico en rollos.
Del método de la concha marina,
De hacerlo con la mano rebozada en harina.
Sé que el conejo blanco no sufrió.
Su blanco, suave y caliente lomo me sirvió.
Me dejó el ojete limpio, reluciente,
Y una sonrisa en la boca que no me cabía un diente.

6:00h Suena el despertador como una jodida rata de 30 kilos chillando desenfrenadamente y lo hago apagar con toda la envergadura de mi mano abierta. Se rompe en varios pedazos.
6:05h Intento abrir un ojo y observo cómo ha quedado el despertador. He tenido pesadillas.
6:10h Intento abrir el otro ojo e incorporarme, pero mi otro brazo no responde.
6:11h Confío en dicho brazo, y yerro en mi intento. Me caigo de la cama.
6:12h Mi antebrazo cae sobre la punta de un trozo de cristal.
6:13h Comienzo a sangrar, parece que es una vena importante. Me levanto a trompicones.
6:30h Llevo más de un cuarto de hora intentando cortar la hemorragia. Empiezo a ver borroso.
6:32h Un curso de boy scout que hice de niño me recuerda cómo hacer torniquetes.
6:37h Termino de hacer el torniquete y recaigo en lo innecesario de éste.
6:39h Con mi torniquete goteando pongo 2 rebanadas en la tostadora y enciendo la cafetera.
6:50h Llaman a la puerta. Decido que es demasiado temprano como para abrir y sigo a lo mío.
6:51h Llaman insistentemente. Abro. Son dos señores enchaquetados. Comienzan a hablar.
7:10h Mientras uno me exponía en qué consiste la redención vital, el otro lo cortaba a ratos.
7:11h Ésta vez lo cortó con un grito para decirme que olía a quemado en mi casa.
7:19h Sigo escuchando aquello de la redención. Huelo a quemado. Corro a la cocina.
7:20h La tostadora se estaba derritiendo y la cafetera estaba echando chispas.
7:21h Vuelvo a la puerta y les tranquilizo. Les digo que me gustan las tostadas churruscaditas.
7:23h Oímos pequeños petardazos. Corro de nuevo a la cocina. La cafetera está ardiendo.
7:24h Los de la redención vital intentan ayudarme. Echo un vaso de agua sobre la cafetera.
7:25h La cafetera ha explotado. Tengo heridas leves en mi brazo bueno. El otro sigue goteando.
7:26h Logro desenchufar la cafetera. Los redentores están con la tostadora. Voy a vestirme.
7:27h Entre las heridas de mi brazo izquierdo y el torniquete del derecho, me cuesta vestirme.
7:28h Logro vendarme los dos brazos. Parezco Mazinger Z, pero con camisa azul y mocasines.
7:29h La tostadora es ahora una columna de plástico derretido que cae encimera abajo.
7:30h Les digo a los redentores que me tengo que ir, y que saquen la basura antes de irse.
7:31h Bajo escaleras rápido. Me citaron en la otra punta de la ciudad para hablar de mi libro.
7:32h Mi coche está a 4 manzanas. Corro ridículamente con mis ‘brazaletes’ de tela.
7:34h La cita es a las 8 a.m., corro más. Tropiezo con un caniche que meaba en un árbol.
7:35h Mi mejilla está en contacto con el suelo. Una voz me grita con onomatopeyas extrañas.
7:36h Tengo la mejilla raspada, la toco. Tengo sangre. El de la voz es el dueño del caniche.
7:37h Me logro incorporar. El dueño grita. El caniche se ha ido. El dueño grita y grita.
7:38h Su dedo índice me señala como culpable. Me doy la vuelta y sigo corriendo.
7:40h A lo lejos de la calle veo a Gertrudis la pescadera.
7:41h Lo único que se le ocurre hacer es ponerse la mano en la frente. Sigo corriendo.
7:42h Ya casi estoy llegando al coche. Mi camisa tiene sangre y mis piernas se entumecen.
7:50h El coche no está, pero porque me había equivocado de calle. Sigo corriendo.
7:53h Encuentro el sitio, pero el coche tampoco está. Una señora desde el balcón me habla.
7:54h La señora me cuenta que el coche se lo ha llevado la grúa. Aparqué en vado: su garaje.
7:55h Le digo a la señora que muchas gracias por llamar a la grúa y por arruinarme la vida.
7:56h Corro despavorido hacia la parada del bus.
7:58h Hay un cartel en la parada. Debido a obras esa línea no funcionará en todo el día.
7:59h Corro despavorido hacia una boca de metro. Tropiezo varias veces. Me duele el cuerpo.
8:00h Por fin la boca de metro. Tropiezo, caigo por las escaleras. La gente no hace nada.
8:02h Un señor mayor intenta levantarme. Mi camisa tiene jirones. Mis codos sangran.
8:03h El señor mayor es extremadamente insistente para que vaya al médico. Le digo que no.
8:04h Llega el metro. La gente me mira. Intento hacer como que estoy bien. No cuela.
8:11h Después de 4 paradas con gente entrando y saliendo, mirándome raro; salgo.
8:12h Casi salgo de la boca de metro cuando a 9 metros un guardia me llama. No hago caso.
8:13h Voy acelerando el paso mientras el guardia me sigue llamando. Grita cada vez más.
8:14h Al guardia se le une un policía que estaba en la salida. Los dos gritan. Corro.
8:16h El guardia y el policía me están persiguiendo, sorteo a la gente a toda velocidad.
8:17h Al pasar al lado de una fuente, alguien viene por mi izquierda y me empuja. Caigo.
8:18h Era alguien que había escuchado al guardia y al policía decir: “Paren a ese hombre”.
8:19h Estoy con los brazos levantados. El guardia y el policía me invitan a salir de la fuente.
8:20h Estoy chorreando. El agua se mezcla con la sangre en una especie de sopa rojiza.
8:21h Me percato de que ni el guardia ni el policía me tienen cogido el brazo. Confían en mí.
8:24h Me llevan a no sé donde, supongo que a comisaría. Los veo distraídos por un momento.
8:25h Corro como un condenado. Mis zapatos chapotean con cada pisada. Les doy esquinazo.
8:27h Estoy llegando a mi destino. Creo que ya no me siguen.
8:29h Por fin, el Círculo de Lectores. Sexta planta sin ascensor. Subo con dificultad.
8:32h Entro. Es un lugar como una biblioteca, allí será mi conferencia.
8:33h Tras recorrer todo un pasillo enmoquetado, miro hacia atrás, está impregnado de sangre.
8:34h Cruzo la puerta y hay 30 personas sentadas con ejemplares de mi libro. Hay silencio.
8:35h Durante un minuto no sé hacer otra cosa que mirarlos, y ellos mirarme a mí.
8:36h A mis pies hay un charco de sangre y agua. Una señora se desmaya.
8:37h Hay una herida de la que no me había percatado: en mi hombro. Es una bola de sangre.
8:38h Mientras otras señoras intentan reanimar a la desmayada, el coordinador me habla.
8:39h Debido a mi incipiente pérdida de sangre no le escucho muy bien. Dice algo.
8:40h La señora ha recuperado la consciencia, le ponen un biombo para que no me vea.
8:41h La sangre ha trascendido a las vendas de mis brazos. Están rojas y empapadas.
8:42h El coordinador sigue hablándome, me coge del brazo, se pringa, y me suelta.
8:43h Logro escuchar lo que me dice el coordinador. Quiere que le acompañe.
8:44h Me intereso por la señora, voy tras el biombo. Me mira horrorizada, vuelve a desmayarse.
8:45h Las señoras me invitan a alejarme, el coordinador ésta vez me coge del brazo sin pudor.
8:46h Me sienta en una silla, en un despacho. Me pregunta qué me ha pasado. No sé decirle.
8:47h Quiero dar la conferencia. Me dice que cómo pienso dar una conferencia de esa guisa.
8:48h Me lamento porque les tenía preparados algunos regalos a los presentes.
8:49h Saco unas cartulinas pequeñas recortadas con forma de arenques, y las dejo en la mesa.
8:50h Son marcadores. Aunque tienen sangre le digo que se los dé luego a los asistentes.
8:51h El coordinador intenta que no me vaya. Me quiere llevar al hospital. Me niego.
8:52h Insiste. Ir al hospital significaría para mí conexión directa con el sanatorio.
8:53h Quiero que me suelte del brazo, entre otras cosas porque me duele. Me zafo y me voy.
8:54h Bajo las escaleras. Esa conferencia me habría dado muchas cosas. Vaya mierda.
8:55h Estoy tan inmiscuido en mis pensamientos que tropiezo otra vez. Caigo.
8:56h Sigo cayendo. El mármol está extremadamente bien encerado y la sangre ayuda.
8:58h No había podido pararme a mí mismo. Los rellanos entre tramos eran estrechos.
8:59h Intento levantarme. Estoy abajo, en el portal. Tras de mi, una estela de sangre.
9:00h Me levanto. Me miro al espejo del portal. Soy una cosa encorvada y roja que chorrea.
9:05h Llego a una farmacia. Los presentes dan un respingo y se apartan. Pido alcohol 96º.
9:06h Salgo de la farmacia. He comprado 5 botes de alcohol. Los llevo en una bolsa.
9:07h Veo un bazar chino. Compro un cubo. El chino es el único que no me ha juzgado con la mirada. Yo compro, él recibe su dinero (aún con manchas de sangre), y todos felices.
9:09h Encuentro un callejón. Vierto en el cubo los 5 botes de alcohol de 500ml cada uno.
9:10h Elevo el cubo, cierro los ojos, y vierto sobre mi cabeza 2 litros y medio de alcohol. Grito.
9:11h Grito como un condenado. Ahora sí tengo localizadas todas las heridas, son muchas.
9:12h En el callejón entra de espaldas un tipo engominado, con gafas de sol y un maletín.
9:13h El tipo está mirando tras la esquina, como escondiéndose. Yo estoy empapado en alcohol.
9:14h El tipo se sobresalta, ve algo, deja el maletín y se va corriendo.
9:15h No sé por qué lo hice, pero me acerco al maletín, lo cojo, y salgo corriendo también.
9:16h Genial, me persiguen 2. Uno con camisa de flores y otro con una navaja en la mano.
9:18h Aunque no conozco muy bien el barrio, logro moverme bien por sus callejones. Me zafo.
9:19h Me escuece el cuerpo entero. Hay un portal abierto. Entro. Subo veloz.
9:21h Llego arriba, un séptimo piso. La puerta de la terraza está cerrada. Pero tiene ventana.
9:22h La ventana es diminuta y alta, pero no tiene rejas, sólo cristal. La abro e intento salir.
9:24h Me ha costado mucho, mis heridas rozaban con el marco de la ventana. Salgo.
9:27h Voy de terraza en terraza, alejándome de la zona. En un tramo tengo que saltar.
9:29h Me hago daño en las muñecas. Pero ha sido un buen salto. Recojo el maletín y sigo.
9:31h El salto me ha llevado a la terraza de un hotel de 5 estrellas. Hay una piscina.
9:35h Aparece una limpiadora. Me recuerda a Marilyn Monroe y no exagero. Me mira.
9:36h No soy capaz de interpretar su mirada. Una mezcla entre sorpresa y empatía.
9:37h Se acerca a mí. Pensaba que me iba a echar a escobazos. Nada de eso.
9:38h Aunque no le cuento nada de quién soy y qué hago allí, examina mis heridas.
9:39h Me habla como si la conociera. Parece no trabajar en un hotel repipi de 5 estrellas.
9:40h Voy de su mano, me lleva como en secreto. Entramos en una habitación.
9:41h La habitación está al final de un pasillo, escondida. El hotel descartó esa habitación por ser demasiado pequeña. Nunca diría que lo era. Toda una suite.
9:42h Marilyn dormía allí, el hotel le propuso concederle esa habitación para estar mucho más cerca de su trabajo, reduciendo mínimamente su elevado sueldo a modo de alquiler.
9:45h No he dicho todavía ni una palabra.
9:59h Me desnudó sin escándalos, contándome sus cosas, me lleva al baño y me sumerge en agua tibia con jabón. Me saca y me seca. Me tumba en la cama, y me cura todas las heridas, una a una, con tiritas, gasas, vendas y puntos mariposa. Y no me ha preguntado absolutamente nada.
10:30h Marilyn me dice que vuelve enseguida.
10:36h Me ha traído calcetines, calzoncillos, y ropa del servicio de habitaciones, me dice que mi ropa estaba destrozada, y la ha tirado, excepto mis mocasines. Los había limpiado y encerado. Me dice que tiene que volver al trabajo, que aunque no hay mucho que hacer, tiene que hacer acto de presencia de vez en cuando.
10:39h Como si hubiera renacido, me visto con camisa blanca y pantalones de pinza.
10:43h Miro por la ventana. Hay unas vistas magníficas a la ciudad.
10:46h Me acuerdo del maletín. Está justo donde lo dejé cuando me trajo Marilyn.
10:47h Dudo en abrirlo. Lo abro.
10:50h Llevo por lo menos 3 minutos en shock.
10:55h Salgo del shock y vuelvo a mirar el maletín: fajos, y fajos, y fajos de billetes. Sí.
10:56h No sé por qué pensé en eso, pero pensé que quizás el de la camisa de flores y el otro me reconocerían algún día. Pero recordé que en ese momento mi cara estaba completamente ensangrentada, ni yo mismo me reconocía ante el espejo. De hecho, mientras me perseguían, decían: “¿Qué coño es eso?”.
10:58h Seguía pensando en cosas similares, y una de ellas es que si salía a la calle no quería salir con ese maletín. Cogí 4 o 5 billetes de uno de los fajos y pensé en bajar a comprar una mochila. Nadie puede ser menos sospechoso de llevar dinero que un estudiante.
11:01h Salgo y en ese momento está viniendo Marilyn. Me hace entrar con un gesto gracioso.
11:03h Por fin me pregunta quién soy. Le cuento de forma bastante dispersa.
11:06h En mitad de una palabra me corta cogiéndome de la camisa y me besa locamente.
11:09h Me hace el amor con un frenesí desatado. No me duele ni una herida.
12:50h Marilyn fuma y me acaricia el pelo. Me ha vaciado.
12:52h Me dice que debe volver; pueden sospechar y venir hasta aquí.
12:53h Llaman. Marilyn está vistiéndose. Me dice que me vaya al baño. Abre. Es una compañera suya. Le dice que se encontraba mal. Entiendo que lo mejor es que me vaya.
12:54h Marilyn le dice a su compañera que está bien, que ya sale. Cierra. Me abraza. Me llevo el maletín al baño. Está ensangrentado. Lo limpio en la bañera. Me visto. Cojo el maletín. Me besa. Abro la puerta. Me dice ‘hasta pronto’.
12:58h El personal del hotel me mira algo extrañado cuando salgo del ascensor, no sólo por las tiritas en mi cara, es que parecen no reconocerme.
12:59h Salgo decidido y presuroso por la puerta giratoria.
13:00h Justo enfrente hay otro bazar chino. De puta madre. Voy rápido hacia éste.
13:01h Le pregunto donde están las mochilas. Voy.
13:02h No hay muchas opciones. Unas de Miky Mouss, otras del Pato Donsad, otras de Hanna Manhatan, otras de Spidermen, y por último, al fondo, una amarilla. Un poco llamativa… pero la prefiero.
13:06h Saliendo del chino abro la mochila, meto en ella el maletín, y me la pongo.
13:07h Camino como quien camina sobre las nubes.
13:09h Veo un centro comercial. Entro.
13:13h Llego al baño de caballeros. Está vacío, cojonudo. Me meto en uno de los departamentos con retrete y echo el pestillo como quien va a soltar el mojón de su vida. Bajo las tapas y me siento.
13:14h No me quiero quedar mucho tiempo. Saco el dinero, fajo por fajo, y lo meto en la mochila. Me quiero deshacer de todo lo que me relacione con el engominado con gafas. Examino el último fajo. Billetes auténticos. Dios mío.
13:15h Ya tengo mi mochila cargada con los fajos y el maletín vacío.
13:16h Salgo a buen paso del centro comercial y, sin vacilar, en el primer contenedor que veo hago una rápida maniobra, saco el maletín, lo arrojo al contenedor, y me voy por otro lado.
13:18h Camino más relajado por la calle. Empiezo a tener hambre. Veo un restaurante.
13:19h Entro y justo en una esquina está ¡el de la camisa de flores! No me ha visto. Me voy.
13:20h Ando a paso ligerísimo, buscando la primera boca de metro. Quiero salir de éste barrio cuanto antes.
13:30h Una boca de metro. Por fin.
13:38h Soplo de alivio. Estoy en mi barrio. Recuerdo que Gertrudis me vio hace horas.
13:42h Llego a mi portal, subo.
13:44h Estando a la altura de mi puerta escucho un jolgorio. Abro.
13:45h Panorama: Los de la redención vital están, uno con la corbata en la cabeza, y el otro con la camisa anudada por la cintura, bailando encima de la mesa del comedor, mientras 3 señoras que sobrepasan los 40 años, pero no los 40 kilos, fuman marihuana en mi sofá. Están escuchando mi disco Ruleta Rusa, de Sabina, a todo meter con ‘Pisa el acelerador’. En el balcón hay varias chicas vestidas con túnicas blancas que beben algo azul en sus vasos, o mejor dicho; mis vasos. El suelo está regado con alguna especie de mezcla entre serrín, café y harina. A veces pasan algunos perros de un lado a otro. Voy a la cocina.
13:50h El centro del suelo de la cocina es como una placa dura de plástico, producto de lo que fue una tostadora. La nevera está abierta con comida por el suelo y perros comiéndosela. Todo me importa una mierda. Voy a mi habitación. Me cruzo con una mina bellísima.
13:52h En mi cama hay un enano, un animal que no logro identificar, una señora obesa, y una anciana vestida de policía. Cuando me repongo les doy una voz ordenándoles que salgan inmediatamente de mi habitación. Salen todos, menos ese animal.
13:53h Lo observo bien. Es raro, pero lo he visto antes. Es un ornitorrinco. No sé de dónde lo habían sacado ni qué estaban haciendo con él. Pero lo cogí y lo saqué de mi habitación.
13:56h Apenas han tocado nada, sólo estaban fornicando en mi cama, o alguna cosa similar.
13:58h Me acerco a uno de los redentores y le ordeno que le diga a toda esa gente que salga inmediatamente de mi piso.
14:02h Tuve que parar la música, dar una palmada en la mesa, y gritarles.
14:03h Me abuchean mientras salen del piso, tirándome bordes de pizza. Antes de irse, uno de los redentores me dice que a las 17:30h será “La Venida” en Plaza Francia. Le digo que se calle y que se vaya.
14:04h Todo está hecho una mierda. Pero mi memoria me llevó a caer en algo magnífico. Nunca los había podido contratar porque era algo caro: “Servicio Privado de Reparación y Limpieza Express de Hogares Gato Blanco. Obras, Barrido y Abrillantado de hogares en tiempos record. Realizamos peritaje, reparación y limpieza. Pida por esa boquita.” Allí estaba el folleto con su número, en mi cajón. Les llamo.
14:10h Llaman a la puerta, son ellos. Van vestidos como en Misión Imposible. En seguida rastrean la casa sin necesidad de preguntarme.
14:12h Han hecho el peritaje. Me lo cuentan, acepto, me piden que salga y vuelva en 1 hora.
14:13h En el portal recibo una llamada. Es Fiodor. Viene hacia aquí. Me tiene que contar algo.
14:15h Fiodor viene soliviantado. Me dice que ha estado en la pescadería. Me lo imagino todo.
14:18h Genial. Gertrudis está contándole a todo el mundo que me autolesiono en público.
14:19h Nos dirigimos a la pescadería a pararle los pies. Si se entera el sanatorio, me llevan.
14:23h No llegamos a entrar, nos quedamos a escuchar tras la entrada.
14:24h Gertrudis escupe palabras: “Tenía vendas en los brazos, se ha intentado cortar las venas, y se ha estado dando golpes en la pared con la cabeza. Llevaba una pistola. ¡Uy, uy, uy!”
14:25h Irrumpimos en la pescadería y exclamo: “¡¡Todos fuera, ahora!!”. Después de la “versión” de Gertrudis es lógico que todos salieran cagando leches. Me pongo en frente de Gertrudis y le vomito: “Jueves pasado, 4:00 a.m., sales con una marimacho de tu casa y te despides de ella con besos acalorados, mientras tu marido trabaja como un cabrón en su turno nocturno de guardia de seguridad, en un barrio residencial en el que sueñas vivir. Si hablas de un loco, ten en cuenta también sus horarios y sus locuras, como por ejemplo, llevar consigo una cámara de fotos. No os saqué 3 ni 6; tengo todo un álbum de vuestro idilio. No sólo quiero que cierres ese pico bollero que tienes, sino también que le digas a todos que tuve un mal día, y que eres una mentirosa. Te estaré vigilando. Cuidado con los chipirones, creo que se te han puesto malos.”
14:27h “Y yo todavía estoy esperando la ballena que te pedí”, añadió Fiodor.
14:28h Mirando al vacío, boquiabierta, petrificada, y horrorizada, dejamos a Gertrudis en su pescadería. Caminábamos ya Fiodor y yo en dirección al centro.
14:30h Un desdentado canoso nos para y nos habla entre aspavientos de “La Venida”. Le invitamos a comer con nosotros. Él no acepta, pero tampoco rechaza, sólo habla de “La Venida” y se mira las yemas de los dedos.
14:55h Vaya caminata curiosa que nos ha dado el desdentado. Ha parado a unas 15 personas, hablándoles a 3 centímetros de la cara y cogiéndoles de la solapa. Encontramos un restaurante chino. Perfecto, hoy comemos rata.
14:58h Mesa para tres. El desdentado, al que ya hemos apodado Algasiv, está con la cesta del pan de gambas, comiendo al estilo gorrino, llenándose el regazo de migas. Fiodor ha pedido “Las hormigas suben al árbol” y “Familia feliz”. Su idea es mezclarlo en un sólo plato y añadirle un poco de sake. Yo le he preguntado a la camarera si tienen arañas fritas. Me ha dicho que sí, el problema es que es la comida de los empleados. Pero no hay ningún problema, dice que me lo pone.
15:06h Por fin llega la comida. Fiodor le pide a la camarera un plato hondo para la mezcla. Me encanta el hecho de que ni rechisten. Mientras haya dinero, no tienen ningún problema. Así da gusto.
15:21h Algasiv se ha terminado el pan de gambas, y ahora está atacando su servilleta. La “mordisquea”, por decir algo.
15:25h Hay una mosca en mi comida. Llamo a la camarera. La felicito por la genial idea de guarnición. En ésto, Algasiv capta la atención de la camarera sacando un fajo de billetes de los grandes. Ojos como platos nunca vistos observaban el fajo mientras Algasiv lo hacía bailar en su mano a la voz de: “Es vuestro si nos dejáis entrar en la trastienda del restaurante”. Parece mentira, pero ¡dudó! Al final accede.
15:26h Fiodor se termina el culín de sake y nos vamos detrás de la camarera, que ya cuenta el fajo en sus manos.
15:27h Un ejército de cocineros corta, flambea y reboza. Ninguno nos mira. La camarera les grita y ellos asienten sin levantar la cabeza del fogón. En las repisas hay jaulas con pájaros, ratones, monos, y gatos. Uno de los cocineros escribe rápido en una cartulina y la coloca enfrente de las jaulas: “Macotas”.
15:35h Después de meter el dedo en todas y cada una de las cazuelas, Algasiv saca 2 fajos y se los enseña a la camarera mientras señala un montón de cazuelas que hay en una esquina churretosa. Ella asiente ojoplatada.
15:37h La china cuenta billetes y Algasiv retira cazuelas. Una trampilla en el suelo. Fiodor y yo estamos con las frentes como un arado, no damos crédito. Algasiv abre la trampilla y nos invita a entrar.
15:40h Hemos bajado una escalera de pared mientras las ratas nos acariciaban los nudillos, pasando de un lado a otro. Lo que está ante nuestros ojos es difícil de describir. Una especie de nave industrial gigante, seccionada en departamentos de todo tipo. En unos hay niños cosiendo balones, en otros, cientos de mujeres, sentadas ordenadamente, dando de mamar a bebés. Hay varias secciones de gran extensión donde están fabricando glutamato en grandes cantidades, y al fondo hay un mapa gigante de la ciudad, y otro del mundo, con miles de chinchetas y zonas rodeadas con rotulador, acompañadas de extrañas inscripciones. Al otro lado, centenares de chinos con uniforme militar, entrenan algún tipo de arte marcial que desconozco. Gritan mucho.
15:42h Nos paseamos por éste micro-macromundo acompañados por la camarera que no para de gritarles a todos a nuestro paso. Nadie nos mira. Todo está iluminado únicamente por 6 o 7 tubos fluorescentes. El ambiente está cargado y con tonalidades verdosas.
15:48h Uno de los militares que lanza órdenes como un desatado sí nos lanza una mirada. Una mirada imposible de identificar. Sus ojos rasgados, sin embargo, me proyectan algo nada bueno. La camarera se da media vuelta y sale corriendo. El militar lanza otro grito y todos nos miran. Pasan 10 segundos de silencio absoluto. Fiodor y yo nos miramos. Algasiv rompe a correr. Nuestro instinto nos ordena seguirle. Todos empiezan a gritar. Algasiv corre hacia una puerta oxidada al fondo, corremos con él. Miro atrás. Nos persiguen. Todos.
15:49h Un chino casi me agarra del pantalón. Corremos por un pasillo estrecho y húmedo.
15:56h Jamás había visto un pasillo tan largo. La tenue luz, con una bombilla cada 5 metros, me hace tropezar varias veces. Eso, y las ratas.
15:58h Llegamos a unas escaleras. Subimos. Salimos por una trampilla. Es una tienda abandonada, llena de papeles de periódico, cinta adhesiva suelta, y ventanales con grafittis. Algasiv rompe uno de los cristales con la cabeza. Salimos a la calle.
16:04h Corremos y nos alejamos de la zona. Algasiv va dejando una fila de gotas de sangre por la acera.
16:11h Bien, un parque. ¿Alguien ha visto un chino en un parque? Es el sitio perfecto para descansar. Le ofrezco a Algasiv un trozo de venda que Marilyn me dejó en el pantalón por si se me abría alguna herida. Algasiv se rodea la cabeza con la venda.
16:15h Allí estábamos, en un banco, con la música de un hippie que toca algo raro con su flauta dulce, como banda sonora. Algasiv va a por una botella de cerveza. Le sugiero que no vaya a un chino, mejor un supermercado.
16:22h Fiodor me cuenta lo que le pasó antes de estar en la pescadería y de encontrarse conmigo. Un par de señores enchaquetados habían llamado a su casa al grito de “moroso”, intentando irrumpir en su inmueble. Al final a quien buscaban es a Federico, su vecino, que vivía justo enfrente suyo. Entraron en su casa, cogieron su cartera y se lo llevaron en volandas al banco a pagar. Un cuadro.
16:25h Algasiv viene con 5 litros de cerveza. El hippie ha cambiado el repertorio. Ya era hora.
16:28h Ésto incita al baile a Algasiv, que empieza a levantar los brazos y dar saltitos, botella en mano.
16:30h Me sorprende la forma de beber de Algasiv. Agarra la botella y traga sin pausa hasta que se pone rojo y para. Fiodor y yo, quizás, bebemos la misma cantidad, pero a intérvalos normales (lo que nosotros entendemos como normal, claro está).
16:36h Han volado 3 botellas. El hippie se está animando y se acerca, tocando extrañas polcas entre buche y buche de cerveza. Algasiv va de nuevo a por más litros. Se empieza a acercar gente.
16:41h Estamos rodeados de gente, algunos han traído tambores, guitarras, trompetas... Algasiv aparece con 3 bolsas llenas de botellas de cerveza. Las minas nos invitan a bailar, la gente vocea y danza bajo un sol brillante.
16:56h Fiodor me pone la mano en el hombro. Su rostro está extraño. Me dice que le duele mucho detrás de la oreja. Le digo que no se preocupe y observo su pabellón. Detrás de la oreja tiene una especie de dispositivo clavado en la piel, como un microchip, con un led rojo intermitente. No doy crédito.
16:59h A lo lejos, entre la música y el jolgorio, vemos acercarse por el aire una especie de helicóptero de aeromodelismo. Viene directo hacia nosotros. Lleva soldada una cámara en el morro, y debajo, en mi asombro, logré identificar un cañón, como de escopeta de plomillos. Agarro a Fiodor de la chaqueta y de la túnica a Algasiv, tirando en dirección opuesta al cacharro al grito de: “¡vámonos de aquí!”.
17:02h Corremos a toda velocidad por la avenida, con el sonido de las aspas sobre nuestras cabezas y esporádicos disparos, irrisorios para un kalashnikov, pero preocupantes para nosotros.
17:04h Fiodor es alcanzado. Un plomillo le roza en el cuello y le hace una herida.
17:09h Cruzamos una esquina, le grito a Fiodor que se arranque el chip. Fiodor cierra fuerte los ojos. “¡Rrrac!”. En plena carrera, los gritos de Fiodor son indescriptibles. Fiodor arroja el chip al asfalto. Vemos el helicóptero cruzar la esquina, y dirigirse al chip, a tiro limpio.
17:10h Seguimos corriendo. Ahora sangra Fiodor. Ni siquiera el día que cayó la dictadura de Batista fue tan rojo como éste.
17:15h Desde hace unos minutos, Algasiv repite en voz baja: “La Venida, la Venida”. Saco un trozo de venda de mi otro bolsillo y se lo doy a Fiodor. Tiritas, vendas en cabeza, oreja, cuello, una túnica ensangrentada, bolsas con cerveza... Estamos para una foto.
17:18h Algasiv ya no susurra su cantinela, ahora la grita. Nos insta a seguirle a ritmo de: “¡¡La Venida!!”.
17:21h Mientras vamos a paso ligero, siguiendo a Algasiv, recuerdo a los de la redención vital: “La Venida, a las 17:30 en plaza Francia”. Se lo cuento a Fiodor, que no entiende nada, igual que yo. También me acuerdo de que dejé mi maletín en casa. No me fío de los de la limpieza express Gato Blanco. Pero tampoco presto demasiada atención a algo en concreto.
17:25h Plaza Francia. Está abarrotada, llena de gente muy extraña. Algasiv nos invita a sentarnos en el suelo. Dice que ya sólo hay que esperar. Bebemos cerveza como bárbaros.
17:27h Hay mucha rasta y mucha túnica. Y enchaquetados también. Casualmente se acerca a mí uno de los de la redención vital. Me pide perdón por lo de mi casa. Le digo que no pasa nada, he estado en peores, y le pregunto de que rollo va todo el barullo. Me dice que tenga paciencia, que ya queda poco. Viene su compañero. Cogen cerveza y beben.
17:29h Sobre los hombros de alguien, una chica porta y alza un cartel electrónico como los de los cambios de jugadores en los partidos de fútbol. Es una cuenta atrás en segundos. Todos gritan la cuenta atrás. Quedan 10 segundos.
17:30h En el centro de la plaza, a una altura de unos 15 metros, aparece un punto de luz que se va haciendo más, y más grande. Éste alcanza la magnitud de un elefante, y va descendiendo hasta unos 2 metros.
17:31h La bola de luz va adoptando la forma de una sepia con enormes ojos, que cambia constantemente de color. “Fiodor, ¿me has echado algo en mi botella?”, le pregunto sin respuesta.
17:32h La sepia comienza a hablar. Tiene una voz, como la de un robot por megafonía. Comienza a dar giros extraños y botes inusuales y repentinos. “Pueblo humano, heme aquí, al fin, entre vosotros, para la ofrenda. He aquí mi venida. Me vengo sobre vosotros para la revelación catártica. Adorad a los moluscos, cantad en nombre del día fructuoso. La redención vital. Escuchad mi deletreo.”
17:34h Todos alzan las manos y se quedan ahí, mirando a la sepia multicolor. Ésta continúa hablando: “Coged, tomad de vuestro bolsillo, de vuestras carteras mágicas, explorad el fruto y otorgad la ofrenda. Sacad el dinero. Sagrados 50 euros como mínimo. Tarifa reducida”. Observo anonadado a la gente rebuscando en sus bolsillos y carteras. Fiodor y yo nos miramos de nuevo. Fiodor me pone la mano en el hombro, y me señala al fondo.
17:35h En una ventana de un edificio vemos un cacharro parecido a un proyector y un par de señores con pinta de técnicos. En otras ventanas de otros edificios lo mismo, todos apuntando al centro de la plaza. Los técnicos llevan gorras de propaganda de bancos.
17:36h “Sacad el dinero y dejadlo ordenadamente aquí, a mi lado, en mi regazo. Vamos, estirpe, vamos. Si alguien se rezaga, los caballeros redentores arrojarán toda su ira sepiante sobre él. Escuchad cada letra de mi voz”. De entre la gente empiezan a aparecer señores vestidos con un extraño uniforme, mirando a todos lados, a la altura de los bolsillos y carteras. Todos llevan un taser en la mano, y en la otra un libro pequeño y grueso.
17:37h “Vámonos de aquí Haroldo, ¡ahora!”, me susurra Fiodor. Toco en la espalda de Algasiv para decirle que se venga. Está en trance, ni se vuelve, ni reacciona. Empezamos a salir entre la gente. Dos de los señores con uniforme nos ven y dicen acompasadamente: “Fugitivos, fugitivos”. Nos siguen. Van acelerando el paso. Empezamos a empujar, a salir como podemos. Ellos van quitándose gente de en medio a base de taser.
17:39h Corremos entre la gente, nos acortan la distancia. Aceleramos la carrera. Los tenemos en los talones.
17:41h La aglomeración de gente es menor, estamos saliendo del tumulto, todo se va despejando. Pero los tenemos cerca. Gritan. Ésta vez no entiendo lo que dicen. Corremos ya por la avenida. Miro atrás.
17:42h No nos siguen, se han quedado parados, mirándonos. Parece como si no pudieran sobrepasar los límites de la plaza. Nos alejamos. Estamos sudando como pollos.
17:45h “Lo que no nos pase a nosotros, Haroldo”, me dice Fiodor entre jadeos. Fiodor siempre me sorprende. Ésta vez, resulta que durante la carrera, le ha dado tiempo de coger uno de esos libros pequeños y gruesos. “¿Un cafelito?”, me dice tranquilamente. “Vamos”, respondo, lógicamente.
17:47h Un frappé y un capuccino secan nuestras gotas de sudor mientras inspeccionamos el extraño libro: “Gloriosa Redención Vital de la 6ª Venida”, así rezaba el título con letras de “plata”. Doy un sorbo al café. “¿Sexta? Yo diría Secta Venida”, dice Fiodor, consiguiendo mi risa. “No me hago más una foto en sepia”; consigo la suya.
18:40h A los cafés les siguieron otros con chorreoncitos de whiskey (irlandés), coñac, etc. El libro nos estaba dejando; de piedra no, lo siguiente. “Sacra Espiral”, “sacerdotes del reverendo mar fluorescente”, “dicción unilateral del caracol puro” y “videncia telúrica de Galápagus”, son sólo algunos detalles. Entretanto, le cuento a Fiodor todo sobre lo del maletín.
18:58h Fiodor me habla de un festival que se celebra al día siguiente, a 200 kilómetros, entre la naturaleza y poblaciones pequeñas. Con todo lo que hay en el maletín hay para mil festivales. Fiodor me cuenta que tiene una furgoneta vieja de su padre, que lleva aparcada al otro lado de la ciudad, desde hace años. Decidimos ir al festival.
19:02h Me sigue inquietando cómo habrá quedado mi casa. Quiero también poner el maletín a buen recaudo. Marchamos a mi casa.
19:25h Por la calle vemos a algunos de los de la Gloriosa Redención con sus libros y sus túnicas. Llevan la vista perdida.
19:32h Llegamos al metro. Allí nos encontramos con un compañero del sanatorio. Dámaso.
19:36h Nos cuenta un buen surtido de milongas extraordinarias, y muy entretenidas. Ha salido con permiso de 3 semanas. En el sanatorio, Dámaso solía flagelarse y gritar en mitad de la noche. Lee mucho, y tiene habilidad con el fagot. Es un buen pibe.
19:42h Dejamos a Dámaso y nos dirigimos a mi casa.
19:46h Como los chorros del oro. No parece mi casa. Una maravilla. El maletín, en su sitio, justo donde lo dejé. Fiodor y yo estamos agotados. Nos servimos un vermouth y nos tiramos en el sofá. Estoy agotado. Aún así, me apetece componer alguna canción.
19:52h Llaman a la puerta.
19:59h Son mis dos vecinas, vienen con ron, y no paran de preguntarme quiénes eran esos que han armado tanto escándalo en mi casa. No sé si se refieren a los de la redención y sus amigos, o los de Gato Blanco, pero qué más da, a pesar de mis heridas y mi agotamiento, tengo ganas de cantar y bailar.
20:03h Hemos armado una fiesta curiosa, de las que me gustan; pocos, y emanando mucha buena onda.
20:12h Salimos fuera, con guitarras y botellas, sin rumbo aparente.
20:28h Pasamos por la pescadería. Gertrudis está cerrando. Me mira mientras barre. Su rostro está algo palidecido. Le dedico media sonrisa, al paso. Fiodor, que siempre le da el toque a la situación, le dice mientras nos alejamos: “¡No vendas sepia, es un consejo!”.
20:39h Llegamos a un pub algo destartalado y neónico, hay libros en repisas, estatuillas de músicos de jazz, y carteles con fotos de ciudades. Hay buena música. Nos pedimos un par de bourbons, a pesar de que las minas llevan ron bajo sus chaquetas.
20:43h Suena Fito Páez. Empezamos a bailar a la de “Mariposa Tecnicolor”.
21:17h Después de un par de funkys y unos cuantos tangos acelerados, se me ocurre invitar a mis vecinas al festival. Empiezan a dejar de dolerme las heridas.
21:22h Acaba de aparecer uno de los uniformados de la Gloriosa Redención. Está allí, en una esquina, bebiendo. Logro identificar su gabardina, está colgada en la percha al lado de la puerta. Entre bailes encuentro el taser. Creo que tengo un mejor destino para él.
21:26h Bailamos, bebemos; bebemos, bailamos. El uniformado tiene una borrachera de las de frente en barra. Pero aún así, alza la vista y me mira. Me mira raro, quizás es porque yo también lo estaba mirando. Pienso que es mejor que nos vayamos, no es de mi gusto electrocutar a nadie. Decidimos irnos.
21:32h Veo un contenedor de basura. Buen sitio para depositar un taser desactivado.
21:35h Mis vecinas nos invitan a su casa. Tienen más alcohol. Tienen más estómago que una manada de rinocerontes.
21:40h Me pitan los oídos, mis rodillas claman, mi tripa me pide una tregua, mis pies están atorados; pero, qué demonios, este día ha sido, cuanto menos, especial.
21:43h Suena Sabina, la televisión encendida, varias guitarras, muchos On The Rocks, ginebra; todo en casa de mis vecinas. Una de ellas (no sé quién es quién) me habla en el oído; me pita más. Fiodor viene de la cocina con bizcocho y sardinas asadas. Pretende que cenemos eso. No está mal la idea, pero no sé si lo probaré.
21:55h Es increíble el repetorio de canciones que tiene una de mis vecinas, el matiz es que la guitarra está desafinada y puede que su voz también; y obviamente, también su sobriedad. Pero me da igual todo, la adoro. Me producen risa nuestras caras. Si tuviera una cámara hacía un álbum.
21:59h Suena una última de Sabina, estamos todos tirados en el sofá, empapados en alcohol. Reímos y roncamos a partes iguales. Morfeo va venciéndonos uno a uno. Soy el último.
22:00h Me agarro a la cintura de una mina, y nos vamos, rumbo al festival.
Cuando un alimento es muy dulce, lo denominamos extradulce, fuerte; extrafuerte, etc.
Entonces, ¿porqué a los marcianitos les llamamos extraterrestres?
¿Son más terrestres que nosotros? Quizá sea eso...


Rezaban las instrucciones: "mantener a temperatura ambiente"...
Ya se jodió! Qué significa eso?
Si estás en Siberia la temperatura ambiente serán 50º bajo cero,
y si estás en el Gobi, 50º sobre cero.
Por tanto, la temperatura ambiente tiene un rango de +/- 100º!!!!
Es decir, puedes comerte tu yogur PMI tanto en el fondo de un volcán
como en la cumbre de un glaciar, Y NO SE ESTROPEA!!!!
No me extraña que Iker Jiménez se alimente única y exclusivamente ellos.


Es confuso, lo sé...
Nuestro lenguaje está plagado de las más aberrantes contradicciones: algo que apreciamos nos importa "un huevo" y en cambio, algo que nos da igual, nos importa "tres cojones"... Pero vamos a ver, ¿cómo algo que nos tiene sin cuidado a tener el triple de testículos (unidad en la que se mide la importancia) que algo que apreciamos?
En la misma esfera está mi siguiente pregunta: cuando hablamos de humor negro ¿nos referimos a bromas sobre paralíticos o al Show de Bill Cosby?
Estoy en ascuas...

Para los dobles sentidos, la polisemia es fantástica. Pero cuando se trata de ser específico, lía mucho.
Imagínense la situación:
- ¿Qué opinas de “Las minas del rey Salomón”? Hace mucho tiempo que lo leí, pero me pareció interesante.
- Ah, sí... las minas del...
El pobre pibe, que no se lo ha leído, busca una imagen mental a partir de la información del título, para intentar decir algo que tenga sentido, pero sus neuronas tienen un barullo de cojones.

Cáspita, corcho, jolines,
caramba, carambita, carambirurí,
caracoles, ostras, cojines,
ains, cagonlaleshe, jolín.
Leches, leñe, leshe,
recontra, recórcholis, retranca,
copón, copín y copete,
óscua, ósquite, ósca.
Ala, arza, anda,
vaya, fua, puf,
caca, farsa, caspa,
no ni ná, yo más que tú.
Enga, que sí, bua,
ptsé, hhmm, ttss,
eehh, grrr, ¡va!,
jjjá, trrr...
¡Shh!
La mano que esta pluma empuña,
Mañana será polvo, ceniza…
Mis gestos, mis rasgos y facciones,
Serán carne seca, inerte, pasto de gusanos.
Te empeñas en darle sentido a todo,
Te revuelves en el suelo, pataleando,
Lloras de impotencia, de angustia.
¿Y todo eso para qué?
Te propones metas a superar.
Te esfuerzas en mejorar.
Te privas de deleites y placeres.
Y no te das cuenta que la muerte llama.
Infarto, cáncer, accidente, asesinato…
Varios envoltorios para el mismo caramelo envenenado.
Tal vez lo único que quede sea quitar el privilegio a Dios
De elegir cuándo nos manda la guadaña. Sólo eso…
Resumiendo cuentos y cuentas,
que le den por culo a todo, mon amie.
Tan solo vive y deja vivir, y puesto que de todos
modos la vas a palmar, que el tiempo que vivas
sea carnaval. ¿No es mejor así?
PD: ¿Crees que me importa que la última estrofa no encaje...?

Vivo mal, como un perro, pero llevo una vida de perros, porque soy muy perro para hacer ná. Eres una perra, tía, me tienes como a un perro, y yo no soy tu perro para perrear ni hacerme perrerías.
Pero me convertiré en algo más astuto desde ahora, y seré más zorro, así quedará patente que eres una zorra.




El supermercado estaba rebosante de señoras portando carros repletos de artículos por pares al por mayor, y yo pasaba esquivando dichos carros en aquella autopista con coches de jamón cocido, papel higiénico doble capa pack 24, latas de atún de 5 kilos, cuartos y mitades de boquerones, aceitunas, manteca y tanto más. Había salido de mi casa e iba directo al refrigerador de los lácteos. Recién almorzado, el cuerpo me pedía un postre.
De un paquete de 6 separé un yogur, blanco natural sin azúcar, y en esto que reparo en los de chocolate, que estaban al lado. Por una parte, yogures de chocolate, y junto a éstos, yogures de mousse de chocolate.
Quise innovar. Dejé donde estaba el natural y cogí uno de chocolate, y también uno de mousse. Al ver los precios comprobé que, a pesar de ser envases de similar tamaño, el tosco y básico yogurt de chocolate valía la mitad que el sofisticado y fino yogurt mousse de chocolate.
Al llegar a casa, realicé más comprobaciones. El básico pesaba mucho más que el de mousse, y éste último, a pesar de ser el doble de caro, no contaba con ninguna circunstancia tan especial como para valer el doble, puesto que para hacer mousse no hace falta ninguna máquina excepcional, y la única diferencia reside en una cuestión textural inmeritoria de duplicar el coste. Como mucho, podría excederse sólo unos céntimos más. Y eso si no contamos que, calculando el peso neto de ambos yogures, el de mousse tiene casi la mitad. Es como si te ofrecieran un televisor de 40 pulgadas a 1500 pesos, y justo al lado otro más ligerito, de 20 pulgadas, a 3000.
Ésto me lleva a una conclusión que hace realidad un dicho tan exagerado que nunca pensé que llegaría a cumplirse, al que añado:
De alguna manera, si compras mousse te están vendiendo aire.



La primera:
¿Qué significo eso de “violencia gratuita”?
¿Es que acaso el señor que la ejerce no tiene que pagar las balas de su arma, o el bate
de béisbol, el puño americano o cualquier otro objeto del que se sirva para llevarla a cabo?
En todo caso deberían referirse a ella como “violencia injustificada” pero no gratuita, ¿no les parece?
La segunda:
Tal vez muchos de ustedes ya lo sepan, pero para mí es una gratísima sorpresa el haber descubierto que en algunos países de Hispanoamérica, la obra maestra del cine Babe, el cerdito valiente se tradujo como Babe, el chanchito valeroso. Díganme, ¿no es sencillamente maravilloso?

Pero no hizo caso.
Podríamos estar fornicando las 24 horas de día, con orgasmos de cinco horas, comiendo por puro placer, y no por necesidad, sin engordar ni un gramo, sin colesterol; siempre hechos unos figurines. Pudiendo darle bocados en el trasero a las cebras, que al no dolerle, se dejarían morder complacientemente. Sabrían a churrasco a la plancha, y ellas mismas te escupirían mojo picón en tu boca abierta, mientras un puñado de monos babuinos te irían dando pan y tinto de verano.
Los árboles darían delicias como bombones de chocolate, carpaccio, gnocchis con bechamel, o quesos de tetilla; sus troncos tendrían por resina dulce de leche, el algodón de los campos sería de azúcar; podrías estar haciendo lo que quisieras. Con sólo pedírselo te habrías puesto unas tetazas todo lo grande que hubieras querido, y no de silicona: naturales, ¿sabes? Y yo podría estar haciendo lo mismo con lo obvio, hasta que su peso fuera mayor que el del resto de mi cuerpo. Podríamos estar tirándonos de los terraplenes, barrancos y montañas sin un sólo rasguño, tomar setas alucinógenas hasta reventar, y volar de verdad, de verdad, con los duendes y los dragones volando con nosotros, sin un sólo daño, sin un sólo efecto secundario.
Y sólo había una jodida norma, ¡sólo una! No se trataba de que no tomáramos LSD, ni que no fumáramos maría, ni que no bebiéramos ginebra, ¡no! La norma consistía en no comer algo que, para colmo, ahora dejas que se pudra en el maldito frutero, ¡maldita sea! Los árboles dando jamón, cuñas de pizza carbonara siempre recién hecha, lomo al roquefort, langostinos pelados, caviar... ¿¡y tú te tuviste que ir al puto manzano!?
Que fue por el conocimiento, sí, ya lo sé, ya me lo has explicado muchas veces, además ¿qué te voy a decir?, si yo también comí, pero, ¿sabes? habiendo regocijo, con menos conocimiento se apaña uno...
[Fiodor ayer me dijo que soy la reencarnación de Adán. Me lo creí.
Buenas noches.]

Rezar antes de dormir,
Vicks Vaporub,
juegos Falomir,
Pictionary y Tabú.
Simón, Quién es quién,
Magia Borrás,
puzzles de cien,
jugar al dar.
Scalextric en ocho,
muñecos de He-Man,
ni las Bratz ni los pelochos
igualarán ésta rima.
Willy Fog y Romy,
Tico y Rigodón,
Mega Drive y Sonic,
Tyco radiocontrol.
En el bote Blandiblup
hay mierdilla de las uñas,
de jugar con una cuña
de la plasti de Playskool.
Con las manos pegajosas
de gomitas, Peta Zetas,
paludús y nubes rosas,
van los niños por la cuesta.
No he mentado a los de ahora,
sino a los de aquella quinta,
ahora comen bollos chorras
que no traen ni estampitas.
La historia del huevo Kinder
tiene un mérito pasado,
antes habías de lucirte,
ahora viene todo armado.
Piensa: “de éstos no me fío”
el maestro, mientras chillan;
pues ahora le dicen “tío”,
y ha visto volar las sillas.
No sé si es mejor un roto
maestro rojo de verguenza,
que algún que otro cuello rojo
por un buen par de collejas.

-¡Agente, tiene que ayudarme! ¡Dentro de muy poco tiempo va a cometerse un asesinato!
-¡Por favor, siéntese! Y un par de cosas: uno, no soy ningún agente, soy el comisario Navarro, y dos: aún estoy en mis 15 min de descanso, espere aquí mientras salgo a fumar un cigarrillo. Créame que si no fuera por este gobierno estalinista, no tendría ningún inconveniente en escucharla mientras fumo en “MI” despacho, que manda narices que no pueda fumar en “MI” despacho. Maldito enjambre de rojos...
Los lentos y torpes movimientos del comisario contrastaban con el evidente asombro de la joven, que en estado de shock, luchaba por mantener unidos sus dos maxilares.
-Lo dicho, espere aquí, vuelvo enseguida.
30 min más tarde, reapareció el viejo policía engullendo una porra que,por su grado de flaccidez, debía de llevar en aquella comisaría más que algunos agentes. Por otro lado, la chica no podía ocultar su extrañeza ante aquel tentempié tan impropio de la hora que era.
-A ver señorita, cuénteme, ¿en qué lugar le robaron el bolso?, ¿pudo ver la cara del tipo?
-¿Pero qué bolso ni qué gaitas?, ¡Le dije que se va a cometer un asesinato! ¡Por favor, ayúdeme!
-Un asesinato en potencia, en fin... ¿sabe quién es el futuro fiambre? Porque se imaginará que por pura estadística, en la próxima hora se cometerán 3,5 asesinatos. Esta es una ciudad muy jodida, sí señor...
La chica pasó del más puro desconcierto a una resignación cargada de cinismo.
-La víctima será, si es que no se encuentra ya en avanzado estado de descomposición, el Dr. Ramírez-Pons, de los laboratorios Fercans. Y el asesino es un tal Zigic no sé qué, es del este. Aunque ese individuo trabaja por encargo del socio de Ramírez, el Dr. Fonseca. Ambos son copropietarios del laboratorio.
-Avanzado estado de descomposición... ¿en qué quedamos, mando a una patrulla o a los forenses? aclárese por favor...
-Sr. comisario, ¿entiende que mientras estamos aquí de cháchara la vida de un hombre corre peligro?
-Qué estrés que se trae Ud. jovencita... ¿y qué se supone que ha hecho ese tal Dr. Gómez? Porque algo habrá hecho para que quieran borrarle del censo, ¿no?
-Ramírez, Dr. Ramírez, no Gómez. .. Verá, lo que sucedió es que el Dr.Ramírez descubrió que su socio estaba vendiendo medicamentos adulterados a países africanos y pensaba denunciarle mañana mismo, en cuanto reuniera pruebas suficientes.
-¡Ajá!, ya tenemos un móvil. ¿Tendría un cleenex? no quiero poner perdido de grasa el teclado y tengo que abrir un informe. Si fuera tan amable...
-¡Por favor, ya hará luego ese informe! ¿Quiere ayudarme? ¡Nos estamos quedando sin tiempo!
-De acuerdo, no se sulfure... Pero, ¿me daría el cleenex de todos modos? Hace un mes que la ingrata de mi mujer me dejó y esta es mi última camisa limpia. Aún no me aclaro con la lavadora, y como Ud. comprenderá con mi sueldo no puedo andar gastando en tintorerías. Porque si le digo la verdad, me da un poco de cosa eso de las lavanderías. Imagínese, cada día decenas de inmigrantes metiendo ahí sus prendas íntimas... La verdad, no sé qué va a ser de mí.
-¡Céntrese, por lo que más quiera!
-Bien, bien... disculpe. Por favor, explíqueme cómo sabe Ud. que van a matar a ese pobre diablo.
-Escuché la conversación entre el Dr. Fonseca y el tal Zigic. Oí claramente cómo le decía que tenía que ser esta misma noche. También le dijo que debía parecer accidental.
-¿Tiene idea de dónde lo van a matar?
-¡Oiga! ¡No hable así! ¡Se supone que Ud. tiene que evitarlo!
-Cierto, cierto... Continúe, ¿dónde cree que intentarán, eh... atentar contra su integridad? Sí, así está bien. Si es que cuando me pongo tengo una labia...
-Pues no estoy segura, pero la rutina del Dr. Ramírez es bastante invariable. A saber: sobre las siete de la tarde sale del laboratorio, toma café en un bar cercano. Hasta allí va a pie. Luego toma un taxi y se dirige a la biblioteca de la Facultad de Medicina, a seguir trabajando. Suele quedarse hasta la hora de cierre, a las 22.00 más o menos. Vuelve a tomar un taxi hasta un local que está en el centro. Allí toma una copa y sobre las 23.30 vuelve acasa.
-Vaya, vaya... ¿se puede saber cómo sabe Ud. todo eso? ¿Lo ha seguido?
-No... Soy su ayudante y alguna vez lo he acompañado en su recorrido.
-Ahhh, ya me empieza a encajar todo. A mí esto me suena a aventura amorosa frustrada... ¿Quién me niega a mí que Ud., harta ya de excusas, se cansó de esperar a que su jefe se divorciarse de su mujer para irse a vivir juntos como tantas veces le prometió? Más aún, me apuesto algo a que cuando lleguemos a casa de su amante, llevará horas muerto, y Ud. está aquí, distrayéndome para que pase el tiempo y que esta historia que está intentado que me trague le haga de coartada. ¿Me equivoco?
-Oiga, estamos en el mundo real, no dentro de un episodio de Colombo.
-Ya, ya... sí, así voy a acabar yo, poniéndome a diario la misma ropa, y eso que Colombo tenía esposa. Y un perro llamado Perro, ¿Lo recuerda?, jajajaja. ¡Qué tío!
-¡No puedo más! ¡Es Ud. el ser humano más inepto e inútil que jamás me he echado en cara!
-¡Oiga, sin insultar!, ¿Quiere que la detenga por desacato a la autoridad e intento de soborno sexual?
-¿Cómo? ¿Pero qué demonios dice?
-Sí, sí. ¿Cree que soy tonto y no me he dado cuenta de cómo me mira, y de esa provocativa minifalda o de ese indecente escote que lleva?
-¡Es Ud. un cerdo!
-¡Otra como mi ex mujer! Todas sois iguales...
De repente, suena el teléfono del comisario, cortando la animada conversación.
-Comisario Navarro al habla… Toma nota, un segundo…En la bañera, ya… ¿Cómo se llama la víctima?... Alfonso Ramírez-Pons… Bien. ¿Cuánto tiempo lleva muerto aproximadamente?... No más de media hora… Vaya… Aún está calentito, sí. Bueno…De acuerdo, os mando al forense… No, yo no puedo ir, estoy ocupado con un posible caso de homicidio… Lo dejo en tus manos… Gracias… Adiós.
-Bien, prosigamos… ¿Cómo decía que se llamaba su amigo?

Fui a la ferretería y rogué
Al tendero que me ayudara a elegir.
La quería suave pero fuerte,
También de buena longitud.
Le pedí consejo sobre el nudo,
Y dónde era mejor colocarla.
Me enseñó de esparto, de lino, de nylon…
“Siento ser tan indeciso”, me disculpé.
Luego, ya en casa, me afeité,
Me di un buen baño, elegí ropa de
Domingo recién planchada.
Sonaba la radio de fondo: “Crisis, bla-bla…”
Até bien la compra al anclaje de una lámpara,
Me subí a la mejor silla del salón,
Anudé mi última corbata mientras
Ensayaba una sonrisa burlona.
Uno, dos, tres oscilaciones.
Se desprendió mi pedestal.
Envuelto en un vaivén hipnótico,
Di mi último estertor.
Me pregunto qué cara pondrá
El presidente de la comunidad
Cuando el hedor lo acerque a mi puerta.
Él y sólo él fue mi asesino.
Le dije: “antes muerto que soltar
un euro en la derrama”. Y visto lo visto…
¿Quién necesita un portero con videocámara?
¿Y poner una antena TDT ?
Yo no.

Hundidos hasta la coronilla
en esta crisis con halitosis,
que nos deja regomeyo
de coitus interruptus, o peor aún,
de meter sólo la puntita.
De querer y no haber sido,
darlo todo por pedido,
¿esperanza? quita, quita...
Puestos a joder como es debido,
que nos embarguen también el alma,
hagan un ERE a nuestras canas,
que cuando nos jubilemos seremos
tan viejos que ni para peinarnos tendremos nada.
En el lomo no nos caben más banderillas,
el culo lo tenemos con holgura, y los bolsillos con
tantos agujeros que nos dan pésame las polillas.
Mientras tanto los de arriba
se disparan el sueldo a traición,
reparten dividendos por alegrías, arsa quillo tocotó.
Que para pagar la cuenta de los platos rotos
nos sacan voluntarios a los de siempre.
Ya cargaremos nosotros el muerto, que ellos,
pobrecicos, tienen tortícolis de tanto mirar
por encima del hombro.
Pido perdón al que me lea,
que en época de recortes,
me quitaron el derecho a rima,
y la métrica la tengo en números rojos.

A veces somos, tal que los de oro, buscadores de momentos; buscamos ese minuto perfecto, ese cóctel de una mirada agradable, de un sabor inigualable, de un revoloteo de musas, de una certeza cierta, de las frescas y primeras horas de tímida luz de día, azulmente únicas, perfectamente perfectas.
Y parece que la única forma de que aparezcan consiste en no esperarlos, que la mejor forma de disfrutar los pasados es no anhelarlos, precisamente, ni tratar de guardarlos, sino justamente saborearlos cuando aparecen por la mente, sin compararlos y sin comprarlos, tratarlos como huéspedes de paso, como lo bailao, como joyas sin vitrina, gemas en su hábitat, sin pulir, extraer, confitar ni abrillantar.
Tiene mucho que ver con la filosofía del viajero que rehusa de souvenirs, maletas y bancos de objetos perdidos; que forma parte de cada ciudad que visita, sin necesidad de llevarse un trozo de ésta antes de tomar el próximo avión.

Hela aquí, la segunda de las entregas, que por segundas, de no ser buenas, ésta última y segunda parte, es al menos resuelta, y dice así:
Ay ganadero sin dinero, te ha tocado un premio,
y has ganado ganado por decenas, buen género.
Pero lo quieres llevar
a tu nuevo terreno, con tu griposo cuatro latas,
y aún así sobre la baca, vaca de rollizas patas
quieres transportar.
“¡No me arrastres coño!”,
al arroyo le dijo la rana,
que nadar no nada nada,
y se encabronó;
“Como soy arroyo, arrollo
lo que me da la gana,
¡mueve las ancas so vaga!”,
el arroyo contestó.
‘Hasia’ Asia asían sus maletas
los flamencos. Una vuelta al origen.
De allí, de la India, es su etnia y gen,
mas van a Japón, con sus tangos y saetas.
Bebía Colacoca, sienta fatal,
por otro lado, vino, que no esta mal,
y así yo tomé una decisión crucial,
me convino: con vino combino ya.
Un señor austroespañol sin perras,
ya es beneficiario de una herencia,
lo ha estado esperando de hace meses,
jubiloso grita tras la puerta:
“¡El viernes vienen bienes vieneses!”
Intrigados los monjes de la abadía,
por el monje que se encierra siempre a solas,
tras la puerta, sus orejas como espías:
“¿A qué hora ora?, ¿ora ahora?”
No te preocupes, cartero, no te comas la cabeza,
sobreentiendo que a ti no te despedirán,
mientras que sobre sobre sobre la mesa,
tendrás de sobra sobres que mandar.
Qué endebles y feas las monedas de céntimo,
se oxidan y en poco tiempo hay que reponerlas,
en cambio, el tan duro duro duró décadas,
calderilla de curso legal, numerario celebérrimo.
El árbol no levantaba copa,
estaba como un sauce llorón,
pero su sabia savia sabía qué hacer,
para cuidarlo por dentro de amor.
Siempre estás con las porfías, María hija mía,
como una energúmena ayer me decías
que no te invito nunca a comer a mi masía,
ya te invité a comer acedías, hace días.










Larga historia he de contar. Vale, es larga, mas dispar. Cada cosa es un cantar, cada cosa es un trovar, como ripios del manglar; es tan larga, mire vos, la he tenido que cortar. De esta afrenta, que son dos, me tendré que contentar, pues de bien yo pretendía, a sus ojos no cansar.
Hablo de olas, de la luna, y de comer hasta hartar. De acedías y ganado hechos por ordenador, mientras cantan al arroyo los flamencos de Morón. De la India que vinieron a las tierras de la ciencia, aunque hay cosas como OT, nos perdone la nobleza. Del vello, no de su caída, sí de tropiezos, no camas vacías. Hay lugar pa la bebida, pero no pa la videncia, con los cacos no hay paciencia, tampoco pa las herencias. Vengo a hablarles de ropajes, de postales, sellos, perras; las ganadas en el poker, las guardadas bajo tierra. Bajo tierra las raíces, árboles crecen con creces, no hay mal rayo que les parta, no hay mal que por bien no venga, tal que como todo rifle no puede matar palabras; de los libros, de las voces. Vibro con la homofonía, la homonimia me conmueve, que me es grácil, limpia, fresca. No es vulgar, es armonía. Es lo que al dodecaedro Pierito de la Francesca (no soy homosexual).
Bueno, bueno, qué peroro, no me quiero más dilar, ahí va todo, séanme calmos, marchando ripia dispar:
¡Hola ola!, ¿cómo estás?
tienes toda el agua aguá,
e influencia de la Luna,
y ella aquel lunar lunar,
¿será una nave espacial?
La nobleza está intranquila,
en la alcoba hay marrón,
de allí sólo salen niñas,
y quieren barón varón.
Sacando de su probeta,
de bacterias un montón,
hay una que no está quieta:
el bacilo vacilón.
Dicen que aunque tú eres guapa,
tienes pelo por el cuello,
qué absurdo cuando lo tapas,
para mí eso es bello vello.
Le critican porque siempre
llora tras un tropezón,
ésta vez se hizo la fuerte,
y cuando cayó, calló.
Jurado de OT mezquino,
juzga el cante a sus ovejas,
si están buenas y no viejas,
será válido balido.
¡Qué camita más blandita!
éstas sábanas me enredan,
son de seda, ¡qué morriña!,
y es que, ¿ves?, la seda seda.
Naranjitas tras la verja,
dos cacos querían coger,
y uno de ellos dice al verla:
“¡Vaya valla! vaya usted...”
Me encargaste eso que vistes,
y aún ahí te dió coraje,
“no lo encontrarás”, dijiste,
y aún así tu traje traje.
En la sección erótica
de la librería Avidez,
tiembla en sus manos
el libro que mientras
ojea, hojea con rapidez.
Partida de cartas echamos,
as has sacado, tras tres:
poker. Mierda, has ganado.
Saco escalera real, ¡qué bien!
El ávido cazatormentas,
en el perímetro, con su coche
sobre la húmeda grava, graba
los rayos en vídeo, de noche.
Cara de ratón tiene el brujo,
sólo dos paletas en el frente,
perdió muchos piños, bebe orujo,
evidente vidente bidente.
Qué contento con su portátil HP nuevo,
ya tiró el viejo Dell de sobremesa aquel,
pero, no le gusta el teclado tan pequeño,
se sigue acordando de el del Dell.
No porfíes mi comer, ¡ojú!
Que yo como como como,
y como como como como,
no voy a comer cual tú.


















Pobre Sancho,
ese sí era pobre,
y no el banco,
que va de progre.
Obra social,
obra obligá,
ahora el mandamás,
obra cual Pedro Pan.
Ora impone, ora dá,
ora aleja, ora toca
corazones, pero va,
ya que juega, de oca a oca.
Moraleja:
no me toques los cojones.
Qué pendeja
cantinela de robones.
¡Venga ya!
vinimos en crisis
desde nacer y atrás,
¿qué me vienen a contar,
esas revistas reciclás?
Revistas están ya,
revestidas de pan,
estadísticas de paz,
buenaventura y cal.
Los tiempos tornarán,
la recesión recesará,
la situación se blanqueará.
Nada ha dejado de tornar...
¿Qué me vienes a contar?
“De lo malo es lo más mejón,
no te quejes y tira palante”,
mira que por no patearte,
en ti me cago a puro mojón.
No me vendas como nuevo,
el fruto de tus propias grietas,
no me digas que no me muevo,
y en la mano cartera aprietas.
Occidente tiene gente,
que hace cola en los Inemes,
accidente de un simiente,
imperfecto desde el germen.
Venga idas, venga vueltas,
y apretón de cinturón,
la justicia es más bien tuerta,
el millón da absolución.
Todo en vilo, siempre al tanto,
por lo que pueda pasar,
¡qué bonito! viva el banco,
¡nos ha vuelto a salvar!
Desde Grecia hasta Almagro,
y de Almagro a las américas,
de la tragedia al milagro,
y del milagro a la tragedia.

Cuando algo te importa mucho dices “Me importa un huevo…”.
En cambio, si algo te da lo mismo dices “Me importa tres cojones…”.
¿Cómo va a importarte tres veces más algo que te da igual que algo que te importa?
¿Qué importancia tiene pues un testículo, huevo o cojón? ¿Es ésta relativa?
Es que a veces el lenguaje se hace la picha un lío.
Y mientras los académicos de la lengua, hartándose a chinchón…


[Prólogo]
(Texto central - saludo y hablar de algo - Sangría [ Párrafo 1 ]
Texto 2 - omite comentarios sobre el huevo y la gallina, sabes demasiado|| no se te vaya la lengua [recuérdalo]
ESPACIO
aquí rellenar con cualquier cosa, menos revelar lo de que los ovnis nos espían --
// tampoco escribas nada sobre que Jordi Hurtado es un androide - Aquí espacio])
Espacio
(Texto - Conclusión aquí - ((despidete sin más, nada de por qué arde el Colacao))
[Fin]

Señoras en la calle, a la mínima brisa primaveral abrochan sus rebecas y encogen sus hombros. Exclaman: “¡Qué frío!”. Señores en julio con 5 minutos de sol, ya dicen: “Puf, qué calor”.
Señoras y señores; frío es estar dentro de un congelador en el polo norte, en pelotas, comiendo polos y vertiendo sobre la cocorota cuencos de agua on the rocks mientras Pingu te tira bolas de nieve.
Señoras y señores; calor es estar en el asiento de sky de un seat panda negro con las ventanillas cerradas y la calefacción puesta, en el centro del desierto del Sáhara en agosto, sin sombra, con un pantalón de pijama de los que hacen bolas, encima uno de pana, botas de agua sin calcetines, una camiseta interior de algodón, encima un jersey, una trenca, un sayo y un anorak; guantes de lana, un pasamontañas, encima un gorro de lana y encima el gorro del anorak, bebiendo una botella con una mezcla de vodka, whiskey, absenta, coñac, brandy, aguardiente y tequila, y mascando una guindilla entera aderezada con un mejunge triturado de pimienta, ajo, anchoas, wasabi, esparto, ají, mohama, espiga, tabasco y chile, mientras la mismísima Afrodita, sentada a tu lado desnuda, te susurra cosas al oído sujetando un monitor con la saga completa de Emmanuelle a todo volumen, y alguien en el asiento de atrás vestido de mono te da sustos según le va pareciendo.
Eso es tener calor. Eso es tener frío. ¡A ver si hablamos con propiedad!

Malévolo señor, amigo del poderoso caballero, que desde arcaicas tempurias ya enmohecías los alvéolos de los hombres; cuán correoso es tu pasar atortugado; cómo amilanas, cómo aplamplas.
Estableciste férrea alianza con los hijos de Juan Valdés y los de Baco, y te ciernes sobre la civilización con tus lanzas blancas, que como virus, a tus víctimas consigues hacer asir por sus mangos de anaranjado ámbar.
Malévolo señor, espía de tertulias y reuniones, no dudas en el bombardeo a traición, dejando un rastro ruinoso y humeante.
Te siguen la pista el Discóbolo, Hércules, Sánchez Ocaña... pero sigue sin haber guitarra que con tu halo no se taña, página en blanco que sin tu iniquidad como el baladre se empalabre, relax que no venga seguido de tu pitada, rauda como fax.

Riddex Plus,
Cheff Tony,
Qué bien me lo pones.
Bata-manta,
Whisper XL 2000,
Da gusto oír así.
Plantillas Walk Fit,
Cama Restform,
¿Quién me explica esto?.
Table-Mate,
Jes Extender,
¿Alguien lo entiende?
Paint Runner,
Wonder Mop,
Está claro; la Teletienda la creó Dios.


Si siguen grises los días,
y azules los tristes gatos,
si siguen negras las novelas,
y los cacos en marrones;
¿qué tiene tu carmín que me pone,
qué el rosado vino, que me desvela?
¡Qué irisado pluvial, qué rato!
Pero qué beige, pobre acedía.
Si quiero dejar las carnes rojas,
si quiero dejar crecer a los lenguados,
si quiero dejar tranquilo al azul marino,
si quiero dejar de evitar el verde manzana;
déjenme olvidar que sigue así la mañana,
déjenme evitar por mi parte el desatino,
desahumar a los ahumados humanos,
los salmones agradecerán la obra.
Que yo naranja sólo lo quiero cítrico,
zanahorio y horizonte anaranjado,
a nadie deseo, le dé un amarillo,
amarillo quiero lo que oro parece;
de Canarias, motitas, y algo verde,
mejorar éste mundo, darle brillo,
¿Matar ostras por un blanco perlado?,
¿Qué te han hecho las otras, eh, chico?
Las manos blancas de los niños,
darán color a éste marrón,
de comercio, de derroche,
corazones convertidos en piedra.
No digo que comamos hierba,
ni que matemos coches,
sólo blanquear el tachón
con el tipex de nuestro cariño.
Si el callejero, de verde botella,
tornase paciente a verde esperanza,
si el rojo fragor de azules y rojos,
pasase 'fremente' a rojo pasión...
¿Por qué niegan venir de Sión,
amarillos, blancos, negros, y todos,
si navidad blanca, todo bonanza,
si blanca la paz, si blanca la estrella?
Dejemos la mierda parda y opaca de la hipocresía,
abolamos la oscuridad del que se cree transparente,
¿Por qué tan sucio un mundo que brillaría tornasolado?
Libre de reflejos de tiempos pasados, desorganización,
libre de ayudas vanas, ¡hemos crecido!, nueva canción,
la lluvia púrpura de un Prince que ya dejó de estar morado
ahora es lluvia con un poquito de amor, luminiscente;
si de aquí somos, seamos dignos de tal membresía.

La ciudad me atrapa en un abrazo gris con olor a café y nubes tintadas, con la certeza de la incerteza, y el extraño devenir atenuado por el reloj del hoy.
La angustia desde el centro adoquinado hasta los arrabales, de un desentrañado y tosco montonal de contradicciones, se cierne ante las encubiertas pretensiones del ajetreo y la prisa, ingenuas compañeras en bólidos a toda velocidad, sin destino aparente. Y en medio de todo ésto, el uno y el humo.
Me afano por comprender la belleza de la danza del papel y la tinta de impresora, del rugido de motores y cláxones, del abstracto y absurdo sentido del crecimiento por el crecimiento, y afanarme se hace más absurdo aún, pues no hay comprensión posible, sólo hay. Sólo hay.
Y en medio de todo ésto, el loco, el eterno extranjero, que ni encaja ni quiere encajar en éste equipo multitudinario de kamikazes sin alma y sin motivo, ante cuyos ojos sólo se encuentra un soñado, borroso y pretencioso mañana aplastado por el hoy.
Milongas como reyes, celos como consecuencia, ambiciones como cortijos, como colonias colonizadoras, tristezas como resultado, nostalgias como pianos.

Tres de la mañana, me levanto sobresaltado por la presión que la ingente acumulación de orín ejerce sobre mi vejiga. Mientras semiconsciente micciono, con la cabeza apoyada en la pared y las manos cruzadas a mi espalda, me pregunto:
El sentido de la vida; ¿Es único o tiene dos carriles, uno para cada dirección?


Perdónenme que haga un inciso,
sólo un segundo ocupa el asunto,
sé que las ies requieren puntos,
mas no es por eso por lo que aviso.
Perdónenme, les piense libres,
de hablar, pensar y hablar pensando,
me da lo mismo si es de Chile,
o de Venecia, o vive errando.
Perdóneme que me inmiscuya,
con vieja sátira en los badenes,
la carretera es mía y suya,
y me interesa lo que viene.
Quiero decir que lo prohibido,
tiene el color enmohecido,
no deja ver lo que resulta
elección libre de un camino.
Perdónenme si ando cínico,
si no correctamente político,
perdónenme que me perdone
haber ninguneado a los borricos.
Pues de cien sale uno bueno,
que a bondad se les compare,
que no es tonto el asno y sabe,
de qué pie cojea su dueño.
Perdónenme por no estar en la lista,
de la jet set de los ombliguistas,
perdónenme que tiempo no les done,
perdónenme que no les perdone.
Perdónenme si hablo sin sentido,
si fumo más que los empedernidos,
si como menos de lo debido,
perdónenme si pierdo el hilo.
Perdóname que te tutee,
pero ahora a ti yo me dirijo,
sí, tú, que el Dow Jones lees,
perdóname que sea prolijo;
Pero es que no entiendo tu olvido,
pero es que quiero andar sintigo,
pero es que rechazo tu artimaña,
pero es que manchas el equilibrio.
Pero es que no creo en tus patrañas,
pero es que veo tus telarañas,
pero es que no sigo tu camino,
pero es que usted ya no me engaña.

Bendito sea nuestro señor, pero que no nos de la ostia que nos mata...

El humor ha sido elemento catártico desde tiempos inmemoriales, canalización de tristeza, bálsamo para la desazón. Se ha perfeccionado hasta límites insospechados, y tiene cualidades propias que ninguna otra disciplina posee.
Sin embargo, no existe ninguna definición valorable y meritoria del humor, ni siquiera como disciplina. Para ello no tenemos más que ir a cualquier enciclopedia, o, como tan presente está hoy, a Wikipedia, donde sólo encontraremos una definición poco clara. Está definido como un “modo de presentar, enjuiciar o comentar la realidad”. Un modo.
Bien es cierto que la palabra disciplina no sería muy adecuada para la definición del humor, sin embargo numerosos comediantes toman elementos de las viejas escuelas. Y rizamos el rizo, tampoco hay escuelas de humor. “Diplomado en Humor y Comedia” o “Licenciado en Sátira y Comicidad” son títulos muy lejos de existir en nuestras universidades. Y hasta a algunos les produciría risa, que por otro lado, es de lo que se trata.
Uno de los problemas a los que se presenta el humor en cuanto a su reconocimiento es, en cierto sentido, que es algo muy personal, pero digo en cierto sentido porque la música o la pintura también son personales, y hay obras que no nos gustan y tampoco nos tienen por qué gustar, son subjetivas. Incluso la ciencia a veces también lo es; la ciencia, estandarte de la objetividad, está repleta de multitud de teorías y puntos de vista diferentes, y en muchos casos, aunque se sigue en busca de una sola conclusión, todavía siguen habiendo corrientes diferentes.
Entonces, ¿por qué sigue el humor relegado en el extrarradio de las habilidades y emociones humanas? Es la puta del barrio. La cogemos para divertirnos, y luego la soltamos y pasamos “a las cosas serias”.
La música era antaño tratada como lo es ahora el humor. Cosa de saltimbanquis, servicio para la corte. Llegaron los mecenas, y posteriormente se empezó a ver con otros ojos. Pienso que debería haber al menos una escuela en la que se enseñen los principios básicos del humor, tales como el absurdo, la sátira, la ironía, el contraste cómico, la exageración, o la silepsis.
Suele ocurrir que el humorista tiene su propia escuela, y su humor, en su conjunto, es genuino y único. Eso hace difícil crear estándares, entre otras cosas, porque el humor en cierto sentido es caduco, y hay cosas que, dado un tiempo, dejan de hacernos gracia. Pero vuelvo a la música, hay música que caduca, y música que pervive. No todo deja de hacernos gracia, hay cientos de actuaciones que se siguen reproduciendo en teatros, o en vídeo, y siguen haciéndonos reír, porque son buenas.
Y llegados a éste punto, ¿no podría empezar a ser conveniente incluir el humor en alguna rama de las artes? Hay mucho que decir de éste, y sin embargo poco se ha escrito, sólo se ha disfrutado.
Otro de los problemas que también tiene el humor es el idioma. Juega tanto con los dobles sentidos, las características morfológicas de las palabras y frases, o las formas de expresarlas propias de nuestras regiones, que cuando es exportado fuera, a menos que sea humor mudo (véase el éxito de la serie Mr. Bean) no es entendido ni valorado. Con la música, en éste punto, pasa algo ligeramente diferente. Cuando es “muda”, que podríamos entenderlo como que es instrumental, o cuando es ininteligible (por ejemplo, que una canción esté en armenio y no sepas armenio) te queda la música, y en éste caso puedes traducir, y aunque haya dobles sentidos, etc. y no los entiendas, siempre te queda la música. En el humor, puedes traducir y puede hacerte gracia, pero no siempre (hay multitud de comedias estadounidenses en las que a veces no sabemos ni la mitad de los juegos de palabras que están aconteciendo, y para ello hay que parar el vídeo o la actuación, y explicarlo o entenderlo, perdiéndose el ritmo), y es entonces cuando el camino del humor se hace algo abrupto internacionalmente, al menos en lenguas distintas. Pero, casi de igual manera, ésto también pasa en la música vocal, y toda canción comercial está cortada con la misma tijera, para que llegue al máximo de individuos posible: mercado. Por eso muchas comedias “internacionales” son insulsas en el fondo. Por todo ello y muchas cosas más, el humor no es algo tan apartado de la excelencia y el reconocimiento.
Faemino y Cansado, maestros, auténticos maestros. Pero, no he visto todavía un reconocimiento considerable para ellos. Tip y Coll, Martes y Trece, Cruz y Raya, Pedro Reyes, Pepe Viyuela, Luis Piedrahita... quizás más actualmente Buenafuente, Berto Romero, o Joaquín Reyes tienen repercusión, pero en general no toda la que merecen.
Quiero, antes de terminar, hacer reparo en el chiste. ¿Es cosa mía o no hay chistes en el mundo tan buenos, ingeniosos y desternillantes como los españoles? ¡Son un tesoro!, y sólo está recogido en libros con feas carátulas (como los pósters de disfraces de las tiendas de disfraces) cuyo título reza: “1000 chistes de borrachos”, “1000 chistes cortos”, etc.
Y en un rincón de la librería queda, en el pequeño estante de abajo del apartado “Humor”, todo un patrimonio.

El primer desatino es, sobre tu tejado, seguir tirando tejas;
si ves a alguien, bailando por bailar, no frunzas el entrecejo;
el primer premio a la verguenza ajena lo tienen los espejos,
y no se quejan.
El segundo peca a veces de sentirse derrotado,
por ser segundo y no correr como una cebra,
y no sabe que el décimo es felíz y lo celebra,
con un Ducados.
Tres tristes tigres tragaban trigo,
¿es que ahora son vegetarianos?.
"Ese platillo de ahí lleva marcianos";
pero ¿qué dices, amigo?
Cuatro horas, con vela como micro,
me llevé cantando ayer, en mi bloque,
¿te vendrías mañana a un karaoke,
a hacer lo mismo?
Cinco minutos dura una ducha sucinta,
veinte o treinta la pija del derroche,
media hora para luego coger el coche,
con esas pintas.
Seis cadenas de caja tonta,
tiene ésta pérmica Españita;
en el dólar las más tontitas,
se montan.
Siete días, siete colores, siete pecados,
siete notas, siete mares, siete bíblico;
siente, amigo, el desapego místico,
de el del Ducados.
Ocho chulo y bola ocho, que al final cuenta,
pues cuélala, vanidoso, en ese hoyo de billar,
siéntete orgulloso, que a mi ocho me da igual
que ochenta.
El nueve con cinco llora el gafitas, que daría un brinco,
si hubiera llegado a diez. Y a la luna llega,
aquel que estudia alrevés. Conforme queda
con el cinco.
Décimos de lotería, calman complicaciones y cesáreas,
"si la primitiva me tocara, viviría como una marquesa".
Anestesia para el pueblo; no pensar; ni en la duquesa,
ni en sus hectáreas.

“He visto espantapájaros mejor vestidos que tú”.
“Esto es más estrecho que el entrecejo de Leticia Sabater”.
“Más corto que el presupuesto del Instituto de la Mujer Iraní”.
“Tienes unas garras en los pies que Lobezno a tu lado parece que se muerde las uñas”.
“Tu aliento huele tan mal que comer ajos crudos te lo suaviza”.
“Tus pedos son registrados por el centro de estudios sismográficos de Australia”.
“Eres tan feo que tu cara al lado de un Picasso hace a este una obra hiperrealista”.
“Tu culo es tan grande que tiene constitución y bandera propias”.
“Tu nariz es tan grande que cuando vas de vacaciones te envía una postal que tú recibes aún haciendo el equipaje”.
“Tus dientes están tan torcidos que parece que en algún momento se enfadaron y decidieron todos darse la espalda unos a otros”.

Descartes, por descarte, nunca descartaba la duda. Y me van a perdonar, si así lo desean, el chiste malo de academia; pero necesito ponerle algo de humor (y si es malo, mejor) a la constante marejada de incertidumbres que inundan, y nunca mejor dicho, nuestro día a día.
Abraham se llevó a su hijo Isaac a la colina, corroído entre dudas. Desde arriba le pedían sacrificarlo, y él, presuroso subía la colina, pero no dejaba de recordar los mandamientos, que contradecían lo que iba a hacer. Y al final: "Eh, para, para hombre, ¡que era broma!". Y el pobre Abraham, a punto de darle un síncope.
Alguna duda debió tener en la mitología grecolatina el de la caverna platoniana, sobre la realidad; y sólo sombras había. Tal y como hoy dudamos de aquellas cosas que puede que sean sólo sombras.
Los inquisidores dudaban, entre ellos (porque si llegaba a oídos externos que la inquisición se equivocaba, les daba otro síncope), sobre si el pobre epiléptico era un hereje o un endemoniado. Hamlet con el ser o no ser, Berkeley con el solipsismo, Matrix con sus mundos.
Y ahora, sabemos que el tabaco que fumamos, los que fumamos, lleva un 20% de tabaco y el resto es porquería. Y ¿quién te dice que ciertas marcas no le echan hojarasca triturada, abrojos de esos enrollados que se te pegan en los calcetines, escaliche de ladrillo, cartón de las cajas de los supermercados pasado por la batidora, hierbajos y rastrojos, a esos cigarrillos con sabor a "campo"?
¿Quién soy?, ¿de dónde vengo?, ¿adonde voy?, ¿por qué estoy aquí?, ¿por qué un café que valía 75 pesetas (0,45 €) ahora vale más del doble (1,10€)?
¿Qué es realmente un velero?, ¿un barco, un portavelas, un insomne, un candelabro judío, un nazareno, uno que fastidia los carretes de fotos...? Sigo siendo un mar de dudas.

Tostá de manteca colorá,
Me la como, iruto y tú no dices ná.
Café con leche y copa de anís,
Me miras, te piras y sigo aquí.
Huevo frito, pechuga empaná,
Y aún te piensas que me vas a engañá.
Americana vaquera con hombreras,
Pantalón de pana con chorreras.
Gafas de pasta con cristales verdes,
Mira el mapa que si no te pierdes.
Reloj Casio con correa dorada,
No intentes disimular que leo en tu mirada.
No me pidas limosna, nunca llevo suelto,
Cuantas pamplinas sin decir nada cierto.
Mochilo, Pincho y Gazpacho,
Pide hora para entrar en mi despacho.
Si quieres un consejo, no preguntes,
Si pretendes encontrarme, no despistes.
Para ahorrar no gastes lo que no tienes,
En vez de coche viaja en trenes.
A veces veo borroso, veo como pido el Chivas: doble.
O nada. Chúpate esa, Inflación.

Cuando eres niño, uno de los mejores regalos que te pueden hacer jamás, es un balón. Pero si además, tu mamá acuña dicha denominación con el consecutivo: "Y es de reglamento", entonces el balón adquiere un valor incalculable, no sabes por qué, porque no tienes ni puñetera idea de lo que es un reglamento, ni te importa, pero después de esas palabras mágicas el balón ya tiene otro color, otra forma; ves las costuras, el brillo, las firmas, y lo giras entre tus manos deseando echar ya un partido. Cuando eres niño, eso es pasable, porque aunque te expliquen que es un esférico con las medidas y materiales exactamente fidedignos a los que dictan las normas de las federaciones de ligas, olimpiadas o mundiales en los que juegan la mayoría de los ídolos de los que cualquier niño guarda memoria, como oro, en forma de estampita, a ti te da lo mismo que sea un poco más grande o más pequeño, de cuero o de plástico; porque como ya he dicho antes, tú lo que quieres ya es empezar a darle pataditas. Pero siendo adulto, de alguna forma, siguen ocurriendo cosas similares, y tampoco sabemos por qué nos fascinamos con detalles por los que aparentemente no hay motivos de fascinación.
Un amigo está ojeando una revista de coches, y antes de que te estés terminando la cuarta fase del videojuego, revista en mano enfrente de tus ojos, te dice: "¡Mira qué deportivo!". Sin saber por qué, ves un cochazo, que te parece una pasada, pero éso mismo te parece (y uso la tilde en la e a conciencia, mal que le pese a la RAE), en un 30% por las características que ves en el auto, y en un 70% sin duda, por la palabra deportivo. Es como que el coche cobra un brillo y una flamancia asombrosos. Pero, siendo sinceros: ¿qué carajo te importa a ti que el coche que ojeas sea usado en competiciones, si tú, en el caso de que lo compraras, no lo adquirirías con pegatinas ni alerones, sino con el aspecto de un turismo normal? Vale que el coche tiene una línea depurada y aerodinámica, es más bajo, con los muelles más cortos y la suspensión dura, pero igualmente, ¿de qué te sirven el faldón, o la altura baja, los muelles cortos y la suspensión dura, si todo eso luego se lo van a comer los badenes con patatas fritas? Y con respecto a la línea aerodinámica, ¿es que hay algún coche anti-aerodinámico? Lo único que te queda decir, es que "es bonito", como bonito es un coche antiguo, o como bonito es un pequeño modelo urbano. Entonces, ¿por qué nos venden un coche con el aditamiento de que es deportivo, queriéndonos cobrar con ello un plus sustancioso; si lo único que verdaderamente está relacionado con el símil de competición es una morfología externa determinada que en teoría no debería modificar tan sustanciosamente el coste, ya que es solo cuestión del molde de la "carcasa"; si realmente lo que hace caro a un coche de competición son los refuerzos del chasis, y modificaciones en frenos, muelles, tipos de neumáticos específicos, etc., en fin, cosas absolutamente inútiles en los modelos urbanos?
Total, que el niño quiere ser Messi, y el adulto Sainz. ¡No está mal, nada es imposible! Pero en las pistas, tanto canchas como autovías, es mucho mejor que el niño sea niño jugando, y el adulto, conductor al que le gusta conducir (disculpen la publicidad encubierta, no era mi intención), y no un incauto mequetrefe que se cree más guay porque se salta el stop a 80.


Chuck, entrando en mi mente por inspiración chuckivina, me ha transmitido éstos 70 hechos. Y ahora, en mi deber, los transmito:
1. Chuck Norris ayuda a Dios si madruga.
2. Chuck Norris no se peina, se ara.
3. Chuck Norris no aplaude, mata el aire.
4. Chuck Norris no pestañea, colisiona los párpados.
5. Chuck Norris no se ducha, va al parque de bomberos.
6. Chuck Norris hace el desayuno de los campeones. Ayer se comió a 3 medallistas.
7. Chuck Norris participó sólo una vez en la Ruleta de la Suerte. La ruleta todavía sigue girando.
8. Chuck Norris no tiene servilletas, platos, cucharas y tenedores; tiene lijas, bañeras, palas y rastrillos.
9. Chuck Norris no lo consulta con su almohada, porque no tiene, tiene un yunque. Y es el yunque el que le consulta.
10. Chuck Norris hizo llorar a un cocodrilo, con sólo mirarlo. De reojo.
11. Chuck Norris miró una vez fíjamente al Sol, y el Sol tuvo que ponerse gafas.
12. Chuck Norris corta el césped descalzo... con las uñas de los pies.
13. Chuck Norris no hace la declaración de la renta. Hacienda declara la renta a Chuck Norris.
14. Chuck Norris no se desnuda. La ropa se aleja de él cuando se lo ordena... con la mente.
15. Chuck Norris merienda bocadillos de escombros con clavos. Las rebanadas son baldosas.
16. Chuck Norris hizo un día una pedorreta con la boca y el ejército saltó las alarmas creyendo que había guerra.
17. Chuck Norris cría cuervos y le saca los ojos a los cuervos.
18. Chuck Norris no te da pan y te dice tonto. Y te da una patada voladora giratoria.
19. Chuck Norris prefiere pájaro en mano (muerto) y ciento volando. Volando a causa de una patada giratoria.
20. Chuck Norris presume de todo y no carece de nada. Y quien diga lo contrario, miente. Y muere.
21. Chuck Norris no tiene peluquero. Se pela él mismo. Con una deforestadora.
22. Chuck Norris un día fue a visitar a la realeza. Y las cosas de palacio fueron deprisa.
23. Chuck Norris no tiene matamoscas. Toda mosca a menos de un radio de 100 km de su olor corporal, muere.
24. Chuck Norris se parece a su padre. De tal palo tal astilla. Pero la astilla es el padre y el palo es Chuck Norris.
25. Chuck Norris se fue a Sevilla. Y al volver no perdió su silla. En ella había un cartel: "Cuidado, silla de Chuck".
26. Chuck Norris no le pide peras al olmo. Coge las peras y luego tala el olmo y lo carboniza. Todo con la mirada.
27. Chuck Norris no se da un puñetazo a sí mismo en el pecho porque con un big-bang ya basta.
28. Chuck Norris se quita los mocos secos soplando con la nariz y haciendo el pino, para no crear cráteres.
29. Chuck Norris se quita los mocos blandos de igual manera. El resultado se conoce como Aurora Boreal.
30. Chuck Norris abastece y cubre todas las necesidades de gas natural de Texas con sólo un pedo cada 5 años.
31. Chuck Norris no tiene puntos en el carnet de conducir. De hecho, sólo a él le dejan tener el carnet antiguo.
32. Chuck Norris puede rascarse el envés de la mano derecha con los dedos de la mano derecha.
33. Chuck Norris no tiene nunca el horno para bollos. Siempre para tortas.
34. Chuck Norris a veces deja para mañana lo que puede hacer hoy. Menos dar al menos una patada giratoria.
35. Chuck Norris sabe más por ser Chuck Norris que por ser inmortal.
36. Chuck Norris prensa las latas con los dientes. Por diversión. Normalmente lo hace con los párpados.
37. Chuck Norris mata a la luz contrayendo su iris y estrangulando a los fotones.
38. Chuck Norris no come, invita a la ingenua comida a pasar, y su estómago da patadas voladoras a la comida.
39. Chuck Norris no recibe patadas en el estómago, su estómago le da patadas giratorias a la pierna del otro.
40. Chuck Norris no se afeita. Su cuchilla está arrinconada y atemorizada en el desván.
41. Chuck Norris ve en la oscuridad. En color. En 4 dimensiones. A la luz ve en 5.
42. Chuck Norris no ve importante ganar. Ve importante que los demás pierdan. Y mueran.
43. Chuck Norris se sacó Ingeniería Informática en 6 horas.
44. Chuck Norris también terminó en ese tiempo Astronomía, Física, Derecho y FP Aeronáutica.
45. Chuck Norris hizo cada examen final en 1,2 milisegundos.
46. Chuck Norris realmente duró menos. Le sobró tiempo para darle una patada voladora a cada profesor.
47. Chuck Norris una vez se quitó una legaña, y al día siguiente había un cartel en la carretera: "Peligro: aludes".
48. Chuck Norris tiene siete mil millones de solicitudes de amistad en Facebook. Más que la población mundial.
49. Chuck Norris tiene siete mil millones de "Me gusta" en cada publicación que hace. Incluidos comentarios.
50. Chuck Norris, si hace un comentario en Facebook, lo hace siempre con la misma frase: "Estás muerto".
51. Chuck Norris lo hace por diversión, pero a los que no saben si poner "Me gusta" o no, les explota la cabeza.
52. Chuck Norris sigue teniendo 7.000.000.000 de solicitudes porque resucita a los que les explota la cabeza.
53. Chuck Norris sigue sin aceptar las solicitudes. Nadie le insiste.
54. Chuck Norris, una vez en un partido de fútbol, le hizo una falta al árbitro, y el árbitro señaló gol para su equipo.
55. Chuck Norris juega solo. Su equipo es él mismo. El otro equipo eran 20 selecciones mundiales y 2.000 orcos.
56. Chuck Norris ganó el partido 1.000.000 – 0. El partido duró 5 minutos porque todo el otro equipo se lesionó.
57. Chuck Norris los lesionó. Tras el partido, todos buscaron el balón, de recuerdo, pero se había desintegrado.
58. Chuck Norris es el que curva el suelo y comprime los balones, con la mirada, en los partidos de Oliver y Benji.
59. Chuck Norris puede pedir un café con leche y lomo de ternera con salsa tártara en una ferretería. Y se lo ponen.
60. Chuck Norris gana cualquier videojuego cuando lo está instalando. Cuando va por 0% ya está en la fase final.
61. Chuck Norris puede instalar Windows XP en una calculadora. Y en un tamagotchi.
62. Chuck Norris, de hecho, puede instalar todos los SO de Microsoft y Mac, en una cinta de cassette.
63. Chuck Norris tiene neuronas que le dan patadas giratorias a la idea de piedad.
64. Chuck Norris tiene en su estantería el DVD de "Rambo" en el apartado "Comedia".
65. Chuck Norris se fumó una vez un porro y el porro empezó a colocarse y reírse. Le dió una patada giratoria al porro.
66. Chuck Norris ganó el campeonato de Fórmula 1 con un monociclo. El anterior, subido en una bola de petanca.
67. Chuck Norris puede achicar toda el agua del lago Baikal en 10 minutos. Con un colador.
68. Chuck Norris es capaz de desordenar y reorganizar alfabéticamente la ‘British Library’ con 1 patada giratoria.
69. Chuck Norris puede rascarse el dedo gordo del pie derecho con el dedo gordo del pie derecho.
70. Chuck Norris puede rascarse el culo con los dientes.

Chuck Norris sonriendo a cámara
Te ví, y no juntabas margaritas del mantel, juntabas llaveros-led futuristas con luz blanca, y paquetes de tabaco de muestra. Yo simplemente, por segunda vez, te ví. Y recordaste qué es lo que fumaba. Nada mejor me podía pasar ésta mañana.
Ando en una vorágine de amores imposibles, de idas, vueltas y vaivenes. Y tú sigues impasible y blanca, ahí. Después de meses, apareces, y te acuerdas de mí.
“Fumas Lucky, ¿verdad?”, a media sonrisa. Sólo un sí tenía en mi bolsillo, pero ahora que he buscado bien, te hubiera dicho cúanto ha sido para mis ojos volver a verte. Un golpe de suerte. Pero sé que no hace falta responder en nombre de mis ojos. Y seguramente lo has comprobado.
Aquella vez, en aquel otro estanco, te ví, y ya no había estanco. Nuestros silencios en aquella conversación de medio minuto me hicieron verte después, una y otra vez, en el interruptor, en el sofá, en el despertador. Y hoy, simplemente, te ví, linda vendedora de muerte y bohemia que regala vida. Pero no me deja igual. Tu promoción de oscuro humo adictivo choca de frente contra la luminosidad de tu aura. Ella gana.
Te miré una vez más mientras pagaba. Te miré de nuevo al irme. Te ví. Y ahora ilumino mis pasillos, adorno mi llavero, y me fumo mi Golpe de Suerte.

Quién puede decirme
Con absoluta certeza,
Que el tiempo existe
Más allá de nuestros relojes.
Qué podrá demostrarme
Con su total quietud,
Que existe un Dios
Mas no le gusta pronunciarse.
Quién amigo mío, dímelo.
Qué esperamos, ¡habla!
No agrandes el vacío
Llenándolo con tu silencio.
Dicen que quien calla otorga,
Pero no explican el qué.
Tal vez tienen envidia
De no poder cerrar la boca.
Y el más listo nos engaña,
Haciéndose el tonto,
Se marcha sin hacer ruido,
Caminando sobre las aguas.

Dos turistas de nevado cabello toman un desayuno en un bar esquinero del bulevar. Ella se acerca a mí con un “excuse me” y me pregunta con curiosidad qué estoy tomando. “Coffee with milk”, contesto.
Y al mismo tiempo me pregunto de dónde podrán venir (probablemente Holanda, Alemania, Inglaterra...), que no saben qué es un café con leche. Quizá sólo preguntaba cómo se dice en español, pero en ese caso me lo habría preguntado también, y no estarían tomando lo que están tomando; un cortado, pues para pedirlo han tenido que hablar con la camarera, y no les hubiera costado nada decir “coffee with milk”. El caso, de todos modos, es que la camarera no para de repetirse a sí misma que debe iniciar un curso de inglés cuanto antes.
La pregunta es; ¿cuál ha sido el pedido, qué le dijeron a la camarera para que le pusiera un cortado? Probablemente “coffee”, y la camarera, por tanto, se curó en salud y le puso el justo punto intermedio entre un solo y un con leche; el cortado, mismamente.
Pero, ¿por qué la turista no dijo “coffee with milk” si lo que quería era eso? Quizás no es corriente el con leche allá, y quedó maravillada al ver mi vaso hasta arriba y humeante, de la bebida más corriente para los mediterráneos. No sólo es la más corriente, sino la más variable y susceptible de exigencias y quisquillosidad: Solo, cortado, con leche, manchado, expresso, capuchino, piccolino, brulé, café carajillo, bombón, cafetal, frappé...
Existe la posibilidad de que la turista haya realmente pedido “coffee with milk”, y que la camarera, en su modesto inglés (como el mío) sólo pillara lo de “coffee”. Modesto, y, permítanme, extraño, pues todos sabemos que se aprende antes “milk” que “coffee”, sobre todo cuando lo estudias en primaria y la E.S.O., no me imagino a un niño ni a un chaval interesado por el café, ni a un editor de libros de texto interesado en que los niños vayan al cole hipertensos. Las variables se me amontonan. Pero no voy a dejar que me cunda el pánico.
“Cundir el pánico”, curiosa fórmula famosa. Un bote de lavaplatos te cunde cuando:
Has aprovechado al máximo sus posibilidades, utilizando el sucinto mínimo posible en cada uso, y en el mayor periodo de tiempo posible.
Lo que deduciríamos con “que no cunda el pánico” es, que éste:
Lo aprovechemos al mínimo de sus posibilidades, utilizando el vasto máximo posible en cada uso, y en el menor período de tiempo posible.
Es decir, que tengamos repentinos y desmesurados, pero cortos, golpes y ataques de pánico. Pues vaya consejo.
A los turistas desde luego, no les vino el pánico. Se tomaron dos cafés, cortado y con leche cada uno, les dió tiempo de preguntarme dónde estaba la iglesia más cercana, y se fueron tan panchos, sin temblores.
Quizás no tienen el record de los japoneses, pero también hacen muchas fotos, van siempre con su camarita colgada. Sin embargo, hay algo en ésta ciudad que la transforma. Las palomas. Qué bonitos animalitos (ratas del aire), que alegran las calles con sus aleteos y sus blancas (y verdes) y puras defecaciones. Qué solemne la estatua de ese afamado escritor. Sin embargo, en el momento en que una paloma se le posa encima de la cabeza, la solemnidad se le va como colilla por el retrete, ya puede ser el monumento al emperador de Constantinopla, que con la torcaz en lo alto del molondro pierde toda la honorabilidad. A lo mejor ésto sólo me pasa a mí, pero no lo puedo evitar, con un detalle así puedo pasar de la admiración a la risa en cuestión de milésimas de segundo. Y pasemos de largo el detalle de que el colúmbido le deje un regalito espeso chorreando por la cabellera.
Pero a los turistas les da lo mismo, no saben por qué, pero desean, fervorosamente, tener una carpeta en su ordenador que ponga “Spain”, y que tenga mínimo 4.000 archivos J.P.G.
La estatua no se ofende, acepta el cagarro con estoicismo. Caso contrario de los humanos. Los españoles, por ejemplo, se sienten ofendidos con insultos como “atontao”, mucho más que con “tonto”, que hasta se dice de broma, y cariñosamente. Cuando, en realidad, “atontao” sugiere un estado de tontez transitorio, parecido a "aturdido"; y el otro, en cambio, fijo, y por tanto más grave.
Pero la tierra de los turistas es otra que tal baila; es curioso que “bastardo” sea el más grave insulto en el entorno anglosajón, cuando realmente es algo en lo que el insultado no interviene como parte colaborante de dicho insulto, es decir, en el fondo, al insultado, no debería ofenderle, más que por el hecho de ser considerado un insulto grave (y por ello el insultante lo utiliza), pero etimológicamente es absurdo que se ofenda, porque se estaría sintiendo culpable, de nacer...
En resumen, el insultable es el violador, su padre, no él, y no es una deshonra para él que su padre fuese un violador porque él no ha elegido qué padre tener, él, simplemente, ha nacido. Y se podrán imaginar, entonces, qué pienso acerca de nuestro popular “hijo de puta”.
Lo que en conclusión deduzco con ésta divagación es que la turista iba a decirle: “Can I get a coffee milk?”, pero se quedó a mitad de camino porque (ya que los insultos son lo primero que se aprenden al estudiar un idioma) pensó que la camarera se ofendería al entender algo así como:
“Porme un café ya, ¡leshe!”

No soy quien para hablar de quién eres,
no soy tren para hablarte de trenes,
no sé hablarte del habla del pez,
pero el pez por la lengua muere.
Con mil fichas no se hace un castillo,
con mis libros no se hacen poemas,
con vil tiña se construyen fabelas,
con zinc palian los grandes gatillos.
Y si mientas la paz en el mundo,
si por mentar, mencionas el mar;
ten a bien mencionar el orgullo,
ten a bien mencionarnos la sal.
Y si la sed no es beber por beber,
si siendo marina no hay nada que hacer;
ten a bien callarte por bruto,
ten a mal creerte ser diez.
No eres tú quien trajo los panes,
no eres tú quien clona los peces,
no eres tú quien bacalaos parte,
no eres tú quien dice quién eres.
Pertenecer a las ONG puede
sonarte como comer mieles,
pertenecer a aquella otra parte,
haría enterarte de qué vale un peine.
Con tu canuto no se hacen las arras
que casen mundos: primero y tercero,
sin tu exabrupto de perro cerbero,
cientos de túes caerían de la parra.
No armes pancartas, si pides créditos,
ni intentes el llanto, forzando tus faces,
pues ni el papel es higiénico,
ni los pañuelos, deshechables.

Motores eléctricos… y una porra! Tengo la solución para acabar con gran parte de la contaminación y de paso con la dependencia del petróleo: instalar captadores de metano en los asientos de los buses, trenes y metros. El gas capturado se usará como combustible. La adaptación de los motores de gasolina existentes a motores de gas no debería ser demasiado costosa. De este modo, matamos varios pájaros de un tiro. A saber: 1.-Se acabó la contaminación emitida por los enormes y sucios motores Diesel de los buses. 2.-El fin de la petróleo-dependecia: La economía lo agradecerá. Ya está bien de que suban el precio del fuel sin parar… 3.-Y por último y lo más importante; Los efluvios rectales dejarán de estar mal vistos, pasarán de ser un gesto de pésimo gusto a una fuente inagotable de olorosa y ruidosa energía.
Así nacerán nuevos conceptos en los medios de transporte de masas, imaginad: “Pedobús Urbano”, “Pedobús Gran Confort” (para largas distancias). “Pedómetro” o “Avépedo” (-Ahora Madrid y Valencia están a un pedo.- Bonito eslogan, ¿no?).
Aunque pensándolo bien, ya veremos el tiempo que tardan en ponernos los precios de las latas de fabada Litoral y de los ambientadores de pino por las nubes, pues todos sabemos que son piezas fundamentales para que todo esto funcione…
PD: Gracias al Sr. Olor Oso. La idea fue suya, yo sólo la he desarrollado. Todo esto sin ti no sería posible. Eso sí, cuando obtenga la patente no te pienso dar ni un chelín.

Hace cosa de un año se logró secuenciar el genoma del neandertal, y se baraja la posibilidad de clonarlo, gestando el embrión obtenido en una mujer que se preste al experimento.
Todo esto sigue inmerso en una suerte de controversias éticas y dificultades biológicas, pero de ser posible traer al mundo a un neandertal, ¿qué le diríamos?
Pónganse en el supuesto; criando al sujeto desde pequeño, todo el mundo señalándole con el dedo por tener esa frente abultada y esos pómulos estilo Sofía Loren pero a lo grande; y cuando llegase a adulto (con dificultad para terminar el bachillerato, no por tonto, sino de atascársele ciencias sociales por centrarse demasiado en la prehistoria), prepararle una gala, vestirlo civilizadamente, y elegir a alguien que le hiciere un discurso en nombre de la humanidad, por ejemplo; Mazlan Othman. Y lo último no es coña, ésta señora es astrofísica, y ha sido nombrada por la ONU como "Representante de la Humanidad" para responder en caso de que estableciéramos contacto con vida inteligente extraterrestre. Un neandertal devuelto a la vida no sería un extraterrestre, pero, ¿a quién iríamos a poner de representante... al papa?
Total, que imagínense a Otham en la gala, pidiéndole perdón a Neandi por nuestro sapiens, que contribuyó a la extinción de su especie, rogando (o imponiendo) una segunda oportunidad, y ofreciéndole un sueldo de por vida, una casa en las Islas Jónicas, un crucero con Zira (por si surge algo), manjares cada día, un bunker repleto de vinos de Córcega y un puesto vitalicio en el palco de cada celebración de los juegos olímpicos.
El neandertal, pese a todos éstos ofrecimientos, miraría a la pantalla tras de sí, vería su foto, las fotos de la cueva de Valdegoba, las reconstrucciones de sus congéneres en cera... luego miraría al público, clavaría sus rodillas en el suelo, alzaría sus brazos al cielo, y gritaría:
"¡¿Por quééééé?!".


Éste es un mensaje para todos, pero está especialmente dedicado a esos genios (y por primera vez aclaro que lo último es pura ironía) que inducen a otros ingenuos a copiar y pegar el mensaje que de éste han recibido o leído, y presas del acojone y el pánico absurdo, reproducen el mensaje, encabezándolo con un: "por favor no leas ésto".
Dejadme que me imagine la situación:
Un señor está en su cuchitril de cuarto comiendo panchitos y cacahuetes rancios pensando: "Vaya mierda, nadie me hace caso y estoy completamente enfermo de aburrimiento, y necesito multiplicarme, dejar alguna huella en éste mundo, pero no lo puedo conseguir copulando porque tengo menos atractivo físico e intelectual que un mono con una escobilla de retrete en la mano, así que lo haré propagando un mensaje. Claro que, he intentado de todo, desde diapositivas con fotos de gatos meando Pesicola, hasta tests falsos para calcular el coeficiente intelectual consistentes en adivinar si una foto cutremente editada con Fotoshop es verdadera o falsa. Pero nada de ésto funciona, así que tengo que hacer que lo copien y peguen a toda costa; el fin justifica los medios cuando se trata de que mi apestoso sobaco huela a satisfacción al ver que por primera vez en mi vacía vida de mierda, algo que yo he creado tiene un mínimo de eco. Condicionaré a la gente a reenviarlo. Haré una lista de direcciones, cuando se propague haré otra más grande, y más grande, y cuando tenga una lista de millones de contactos a lo mejor se lo vendo a las empresas de publicidad, y podré comprarme un sofá más grande para ver mejor la teletienda".
Primero piensa en inventarse que hay un virus por ahí circulando, que se llama "miralafoto008", u otro más peligroso que es un gusano terrible que te borra toda la información de tus documentos llamado "noTElovasAcreer-INSOLITO", y luego, cuando ven que nadie atiende a sus pataleos y llamadas de socorro al mundo para que le haga caso, se inventa la genial idea de jugar con la superstición de la gente. Y voilá, crea obras de arte parecidas a ésta:
"Tu primo se va a morir si no reenvías ésto ahora mismo a 30 contactos, y si tardas más de dos horas vendrá un murciélago verde que vomitará puré de remolacha en tus zapatos hasta el amanecer, y si tardas más de 5 horas te van a arrestar y pasarás 3 semanas en un calabozo con un forzudo checoslovaco homosexual con una estantería llena de botes de vaselina".
Clap, clap, clap... bravo genio, que eres un figura. ¿Te sientes más realizado, más agusto ahora cuando salgas al supermercado a comprar Lacasitos y bollos de grasa mientras piensas en la proeza y el ingenio que te has gastado para conseguir que algo que has escrito tú, sea lo que sea (que a ti eso te da igual por lo miserable que eres) lo va a leer mucha gente? Te sientes importante ¿eh?
Pues, en fin, queridos lectores, éste tipo de mensajes mierdas son los que nos encontramos muchas veces en la línea de comentarios de una página sobre series, películas, videos, blogs, correo... ¡Y hay gente que lo reenvía, y dice "por si acaso"! ¿Es que estamos tontos o qué? O sea que si a la rata de cloaca se le ocurre decir que se reenvíe a 3.000 personas, ¿hay gente capaz de buscar direcciones en correos masivos y llegar a reenviarlo a 3.000 contactos, con tal de que no se tuerza un pie mañana? A ver si nos enteramos, aquí el que tiene debilidad mental es la rata de cloaca, ¿qué es eso de reenviarlo y poner "por favor no lo leas"?
¡¡2.000 años!! ¿Más de dos mil años de Historia, tecnología, sabiduría e inteligencia sobre éste planeta, para seguir comiéndose la cabeza con, eso, con éstos zombies virtuales cometarros?
Durante años me he tenido que encontrar con éstos mini-bestsellers de la lobotomía virtual, y, mirar a otro lado en cuanto leo las primeras palabras, oh, para no caer en el terrible error de leerlo, incluso plantearme el hecho de reenviar. Sí, con la adolescencia en los talones era difícil mantenerse firme ante tanta porquería, pero, ah, ah, ah, un impulso eléctrico desde el tálamo hasta la corteza prefrontal me decía: "¿Pero tú eres tonto, o eres gilipollas, o qué?"
Mi querida gente, personas de todo el mundo, cualquiera que me esté leyendo, si recibís una perla como ésta, ¿tiene sentido pasar la tarde amargados intentando engrosar el número de contactos hasta poder reenviar y resoplar de alivio hasta el próximo mensaje con el que tengáis, oh, la desventura de topar?
Éstos trolls y cucarachas propias del medievo, donde la inquisición decía que una tía que enseñaba el tobillo era una bruja y todos la condenaban por miedo a que les pusiera baba de sapo en la sopa, tienen menos vida social que una goma de borrar en el fondo de un lapicero, y si de verdad queréis ayudarle a que tengan un poco más de atención, leed el mensaje, no apartéis los ojos ni os llenéis de temor, leedlo, de pe a pa, imaginaos al figura en su antro escribiendo y riendo como un ridículo, rodeado de bordes de pizza, y devolved el mensaje al que os lo ha enviado, pidiendo expresamente que éste lo envíe a su vez a quien se lo ha enviado, y así sucesivamente, hasta llegar a nuestro amigo el gracioso. Y ahí va el mensaje para él:
"¿Qué pasa artista, te aburres? Te aburres tela ¿no? Te mola que los chavales pierdan una valiosa tarde de estudio provechoso a costa de tus gayolas mentales ¿eh? ¿Por qué no mueves tu culo de foca y sales un poco a la calle antes de que te coman los huevos las arañas, rata? No he reenviado el mensaje, ni perderé demasiado el tiempo en explicarte que no sólo no reenviaré tus asquerosas pandemias, sino que tu exquisita obra maestra la va a reenviar tu p**a m*dre, y que si sigues enviando éstas bazofias, te voy a meter un refrigerador entero por el orto tan profundamente que vas a creer que estás en la comunión de Pingu cagando poliflashes de albaricoque. Haz algo constructivo, miserable".
Querido mundo; nuestras sociedades están llenas de personas con buenas ideas, proyectos interesantes, y grandes soluciones para mejorar nuestra civilización. Darle cobijo a éstas deyecciones es negarnos a nosostros mismos nuestra grandeza como seres humanos. La razón es la mejor medicina para todo aquello que intenta perturbar nuestra lucidez.
Hacedle ésto a la necedad:

Fue múltiplo y divisor, sumó mucho sin restar ni pizca.
Tuvo rectas, paralelas y perpendiculares.
Ángulos, muchos ángulos: de 90º, 180º y un largo etcétera.
Circunferencias también, aunque le hacían menos gracia.
Era un apasionado de las bisectrices.
No era ningún cateto, de hecho, conquisto la hipotenusa.
Tenía cubos, cuadrados, y mucha potencia.
Cuidaba de las raíces, las regaba constantemente.
Toda su vida estuvo repleta de paréntesis, incluso dentro de corchetes.
Le encantaban los quesitos en fracciones.
Qué gran hombre, nunca le olvidaré.

Cuando unos amigos cruzan un paso de cebra y un coche (de esos que portan a uno de esos conductores que el día en que se enseñaba en la autoescuela lo que hay que hacer cuando ves un paso de cebra estaba tomándose un granizado de mango en la heladería de la esquina) se para en seco justo a los pies de uno de los amigos, y éste da un respingo, automáticamente los demás se ríen a carcajadas. Bien, hoy rompo una lanza a favor de éste respingón.
"Vídeos de Primera", qué buenos recuerdos ¿eh?; ese gato pegando un salto con los pelos del lomo erizados, al ser sorprendido por otro homólogo felino que sale de detrás un arbusto.
Lo que al parecer no saben muchos es que esos sustos son una magnífica respuesta neuronal ante un estímulo repentino. El sistema nervioso se activa, reacciona, y nos protege, alejándonos del foco del peligro, mediante un salto, un respingo, o un retroceso. Y cuanto más alto y rápido sea el salto, y más espasmódico el respingo, mejor está diseñado el asustado. Las pupilas se dilatan para admitir más luz, los ojos se abren para mejorar el campo de visión, la sangre fluye a los músculos para prepararlos, mejor que si de un experto mecánico de fórmula 1 se tratase, y transporta a gran velocidad adrenalina a las células. Todos se ríen porque se asusta en un paso de cebra, pero lo que tienen es envidia cochina porque no tienen unos genes tan fabulosos como el asustado.
Por contra, hay algo que nos hace compadecernos de una persona. Por ejemplo, una chica que va tranquilamente por la calle y un perro empieza a ladrarle. La chica se paraliza automáticamente, y cuando el dueño tira de la correa y se lleva al perro, alguien le dice: "ya está hija, ya pasó. Pobrecita".
Pobrecita... ¿eso es lo único que se te ocurre? Un consejo; para la próxima vez dile ésto:
"Madre mía, chica que andaba por la calle, es increíble lo bien que funciona tu amígdala cerebral, aunque tú creas que te has quedado indefensa y petrificada como una patata, lo que ha hecho tu cerebro es ordenarle a gritos a tus músculos que se paren y le plantes cara al chucho. En vez de salir corriendo, tu cerebro ha decidido paralizarte y fijar tu mirada en el bicho para darle a entender que como siga acercándose y haciendo el gilipollas se va a llevar una buena patada en los hocicos. ¡Cuan espléndida genética tenés! Yo te concedo el primer premio al mejor y más eficiente sistema nervioso del día. ¡Siéntete orgullosa!".

La cuestión es que solo me encuentro. Nuestra fuga a un hotel, aquella noche reciente, con la sed de nuestros poros por volver a conocerse, no es suficiente. La cuestión es que solo me encuentro. Una luz de tarde gris azulada, sentado en la cama, fumando y bebiendo, como loco en el desierto. La cuestión es que solo me encuentro.
Replegada y rasgada, al fondo, en la esquina, esa estúpida agenda de contactos, ese absurdo invento, intento de la humanidad por tocar con la punta de los dedos la idea de que todos estamos unidos. La cuestión es que solo me encuentro.
Nick Drake en el loro, "Things behind the sun", y el sonido de mi teclado. La cuestión es que solo me encuentro. La cuestión es que nunca hemos sabido exactamente qué hacemos aquí, la cuestión es que no recuerdo qué galaxia estoy cruzando, ni cuándo perdí la transmisión. La cuestión es que nos distanciamos, nosotros, vosotros, estrellas, todos; lejos.
La cuestión es que solo me encuentro.

archipiélago. m. Murciélago gigante.
autobús de línea. m. Autobús aficionado al dibujo técnico.
bocacalle. m. y f. Criatura con labios de acera y dientes de adoquín.
brincar. v. Traer un coche inglés.
bromear. v. Orinar en un barranco con un hermano para ver quién llega más lejos.
caballa. f. Hembra equina.
calcular. v. Mancharse el trasero de cal.
campana. f. Videocámara hecha de pana.
cazafantasmas. m. Detector de mentiras.
cercanías. m. Tren afable, amistoso, y un poco baboso.
cortafuegos. m. y f. Persona que interrumpe los discursos de los sopletes y mecheros. | 2. Imagen mental de Jiménez Losantos durante el acto sexual.
cuentagotas. m. y f. Persona con nivel avanzado de aburrimiento.
flota. adj. Yola Berrocal.
follaje. m. y f. Orgía. Es la hora del follaje.
gato hidráulico. m. Felino amante de las piscinas.
golpear. v. y m. Gol de una pera inglesa.
guardameta. m. y f. Persona que se lleva a su casa el cartel de la meta al terminar una maratón.
libro de cabecera. m. Libro en el que sólo está escrito el título.
llover. m. Indio que observa.
mediodía. m. Un día cualquiera en Finlandia.
molar. m. Diente guay.
mula de carga. f. Bestia con echufe.
nudo. m. Con ropa.
osado. m. Persona con mucho vello a la que le gusta el salmón.
pan de molde integral. m. Pan del montón que está amoldado al sistema panífico y forma parte de la masa, pero que sin embargo tiene unos principios y valores que lo completan como ser hupano.
paramédico. m. Niño con un destino concreto fijado por sus padres, por estatus social.
perro guía. m. Can perito en información turística, museos y monumentos.
pestillo. m. Pescado con forma de cerradura.
polígrafo. m. Bolígrafo de polígono. Mira que alerón se ha comprao el polígrafo.
portapapeles. m. Estudiante. | 2. Cartero.
posavasos. m. Persona que se hace fotos con vasos.
pretender. v. Sacar la ropa de la lavadora.
Q. m. O macho.
rebaño. v. Ducharse dos veces.
relamido. f. Notas musicales.
ropaje. m. Paje vestido.
sacapuntas. m. Pervertido con gabardina un poco vergonzoso.
tabaco de liar. m. Tabaco suelto diseñado para que, aún teniendo planes que hacer en un día, al final te lías y te quedas conversando en una cafetería o en casa de un amigo.
taparrabos. m. Preservativo.
tomate. f. Dieta argentina estricta a base de yerba.
tumulto. m. Policía congoleño.
uva. f. Uve hembra.
